Archivo mensual: agosto 2014

[Festival Tomavistas 18 y 19 julio 2014] Toma 2. De cosmos sónicos, bandejas de plata y leyendas del rock

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La segunda entrega festivalera iba a estar salpicada de colaboraciones, nuevas sorpresas y un clima intermitente con nubes reguleras amenazantes que acabarían por traer una buena fresca veraniega en la zona norte capitalina.

 

Sidonie 16 (Cabecera)

La energía antisomnífera de Fuckaine punteó sonidos rarunos pero no menos adherentes y atractivos desplegando sobre el escenario nervio y ganas de pasárselo bien para abrir el sábado desde el escenario principal tomavistense. Tras los últimos acordes comenzó el trasvase de ida y vuelta entre las tablas del Gonzoo y el Tomavistas para acudir a presenciar el indie apañado de Baywaves y seguir disfrutando de nuevas sonoridades.

Fuckaine 11

El segundo impacto de la tarde correría a cargo de Pasajero, banda de potentes ecos rock cañeros y romanticistas dónde se daría la primera colaboración de la jornada a cargo de ¼ de Mucho (el entregado y fiestero Víctor Cabezuelo).

Mucho 2

A continuación llegaba el turno en la pradera sur de Los walas, que ofrecieron un power pop progresivizante creando un buen caldo de cultivo para volver al pelouse a disfrutar del grupazo toledano Mucho, que derrochó contagiosas ondas cósmicas con un Martí Perarnau tirando de look ranchero y/o a lo Breaking bad sublimado volviendo a demostrar su soltura en los interregnos intercancioniles. Pildorizando el noble arte del rock en 50 eficaces minutacos entre su Apocalpsis y su brillantísimo y floreciente EP Grupo revelación el directo cuajó en un gran show que nos dejó con ganas de más. En este caso las colaboraciones serían el baterista de The right ons y cerrando el acto sideral Sal de la tierra colaboración intercafeínica mediante.

The right ons 10

Los siempre positivizantes The right ons, que devolvieron “el favor” colaboracionista contando con Martí, se entregaron en prólogos crepusculares de guitarreos bien traídos haciendo un repaso de su repertorio (también en inglés) sin pasar por alto sus temas bandera. Antes en el escenario verde había sido el turno de las alternatividades sonoras suavizadas crecientes de Being berber.

El toma y daca constante también daba derecho a un respiro, a una pausa siempre con buena música de fondo. Fue en esos instantes dónde tuvo lugar una grata sorpresa.

Un festival puede ser el mejor lugar para descubrir nuevos grupos: el concierto convincente de Atención tsunami repleto de dulces, adentrativas y atractivas ráfagas encriptadas es un perfecto ejemplo de ello. Tomen nota porque esta muchachada promete.

La tarde se fue vistiendo de noche con el viaje personalista de Guadalupe plata, que se adentró en atmósferas crípticas para ofrecer otro punto de vista sonoro más.

Sidonie 7

La recta final estaba enfilada. Begun ejerció como entrante electrónico idóneo para el deseadísimo plato fuerte de la jornada: Sidonie, que ataviados con camisetas hawaianas tocaron todos los palos y volvieron a gozar y hacer gozar al público definiendo como bien apunta Víctor De Mier que «su hábitat natural es el directo y ahí es difícil negarles su valía».

Para la asistencia en su temazo Sidonie goes to Moog contaron con miembros de The right ons que no pudieron resistirse y se dejaron llevar con tan magnos ritmos. Despúes vendría una versión de la archiconocida Video killed the radio star que enlazaría con el momentazo del día/tarde/noche cuando aprovechando su himno de la desdicha cotidiana Un día de mierda Marc bajó de los focos para flotar entre el público. Otro bolo más de la banda para seguir patentizando su brutal y brillante trayectoria.
Me permitiré la licencia del subjetivismo: un concierto del trío catalán (quinteto para la sierrocanadiense ocasión) siempre te deja con ganas de más ya que es imposible desprenderte de una de las fuentes principales y legítimamente irreversibles de la banda sonora de tu vida. Sentir en directo A mil años luz autoproyecta una sensación casi tan mítica como ver a tu equipo levantar la copa de Europa.

El balance de todo el trayecto sónico pasaría con nota. Después vendría la fase pinchadiscos para los que quisieran seguir con la juerga.

El Tomavistas apostó por la calidad y deja un buen sabor de boca, la próxima edición promete aún más para erigirse como la cita festivalense de referencia en la capital a la altura de otras grandes citas coetáneas costeras y no tan costeras.

 

 

Fotografía: Pedro Bao

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[Festival Tomavistas 18 y 19 julio 2014] Primera toma. Columpiándonos en triangulizaciones salvajes

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El privilegiado enclave del Hipódromo de la Zarzuela fue dónde tuvo lugar la esperada primera edición del Tomavistas. Un cartel lleno de grupazos independientes pata negra que no defraudó.

 

Tras las actuaciones de Tigres leones, Cómo vivir en el campo y Coraje siguieron abriendo el melón las distorsiones y el gracejo del animado cuarteto murciano Perro, que se marcó un double dragon guitarropercusionil pluriempleil multitarea turnándose en el teclado y en los comentarios juguetones. Una función con hambre y actitud para irle dando pulso a lo que se avecinaba.

 

Desde Zamora el pop difuminado de El lado oscuro de la broca actuaría de previo para el empaque shoegaze profundo del trío Nudozurdo, maestro en los cambios de ritmo y que siguió entonando a los presentes.

 

Mientras preparaban los nuevos instrumentos y juguetes varios tocaba volver un rato al césped de la mano del anglopop con toques de la mejor tradición del rock estadounidense de los madrileños Jack knife.

Triángulo de amor bizarro 8

Arañando el atardecer los galaicos Triángulo de amor bizarro desplegaron desde el primer acorde toda su atronadora potencia contagiando a una audiencia cada vez más entregada. Torsiones míticas en la línea de Los Punsetes y Los planetas (palabras mayores oíga) en una cuidada selección de toda su discografía.

Con una audiencia ya panópticamente abducida petándolo literalmente con el himno de su último disco (Estrellas místicas) continuaron su clase magistral de pedaleos legendarios que algunos pudimos catar con los amplis bien cerca temblando a pleno pulmón. El pabellón había quedado bien alto y era difícil superarlo.

 

Edredón surtió electropop con ráfagas dispares entre las elegancias oscurantistas y el intimismo.

León Benavente 12

Los rugidos de León Benavente, con Eva Amaral bien atenta entre las primeras filas, volvieron a dar muestra de su letal escena y gran pegada frente a la gente. La anécdota fue sin duda la caída perfectamente rehecha de Abraham Boba mientras se vaciaba con El rey Ricardo. Ser brigada y Ánimo, valiente fueron prácticamente un karaoke colectivo generalizado: es casi imposible no unirse a semejantes cancionzacas. Un concierto de subida continua maximizante y que enganchó al respetable desde la primera canción.

Los fluídos, energéticos ecos y tonalidades de Fira fem preparaban el asalto final.

El columpio asesino 6 (cabecera)

Las horas previas habían estado fetén, pero aún quedaba lo mejor. Pocas veces me ha impactado tanto poder ver por fin a una de mis bandas favoritas en vivo (creo que sólo me ha pasado realmente con Los planetas, Sidonie y Alborotador gomasio). Semanas atrás había estado en bucle con el ipod. Llegaba la hora de El columpio asesino, que mediante un directo descarnado, salvajemente brutal fueron introduciéndonos en todas sus texturas respetando la cronología de su último disco para los primeros temas.

(Intro) Babel empezó a sonar desde la oscuridad mientras iban ingresando uno a uno todos los componentes de la banda. Los pedaleos y guitarreos pro que seguirián aún resuenan entre la afortunada colectividad.
La puesta de largo difícilmente igualable se visualizó con el irreversible protagonismo de Álvaro Arizaleta, un intérprete completísimo con el aura y la realidad de un aparataje alienígena ciborg guitarrovocalbateril que nos dejó con el culo torcido. Babel, Toro, Perlas o himnazos pretéritos (Vamos) relampaguearon por todos los confines del recinto con una fuerza imparable para reforzar a sus fieles seguidores y ganar adeptos a la causa de un grupazo capaz de seguir reinventándose y por tanto en su mejor momento.

 

El fin de festejos correría a cargo de Dj Pau Roca (La habitación roja), pero el pan de la intensidad ya estaba ganado y había que descansar un poco para afrontar la siguiente fecha.

 

Fotografía: Pedro Bao
https://www.flickr.com/photos/cordreum/sets/72157645928943039/


[El columpio asesino] Sintetizando nocturnidades

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Retorciendo el rizo. Si hay alguien que se desmarque de lo convencional ése es el quinteto navarro: El columpio asesino es una de esas bandas claramente personalistas e identitarias que ofrecen una propuesta fuera del circuito generalista, y lo vuelven a demostrar con Ballenas muertas en San Sabastián (2014), dónde los títulos de sus pistas y su acertada y coherente portada manifiestan que los tiros aquí van por otro lado.

Como los anillos infernales cosmovisionados por Dante el viaje se va desgranando a través de 9 espirales sonoras que confluyen en un mismo mensaje: elegancias malignas líricamente implosionantes envueltas en una opacidad de sonidos encriptados que crecen y se van enriqueciendo con cada escucha.

 

Aquí también se destierran los pasteleos, «quedarse a medias no mola nada. Te lanzas al vacío dándolo todo o mejor quedarse quieto» (Ramón Marc).

La alarma está a punto de estallar, la tensión llega a ser homicida. Damoclinianas estalactitas y estalagmitas, la senda es una adherente amenaza melódica que sientes detrás, muy cerca de ti. La fusión de estilos y su inconfundible sonido diferencial alcanzan nuevos picos gloriosamente escarpados. «Transitan por el camino que une electrónica con after punk buscando el reflejo en las sombras. Los sintetizadores entran a degüello tras la intro y comienza la sucesión de mantras marinos» (Álvaro Fierro).

 

La espectral y reptante Intro (Babel) nos lleva sin remedio al hitazo Babel, en el que El columpio vuelve a demostrar su frescura y eficacia para facturar otro (da gusto seguir gozando de la diamantina Toro) corte brutal, de primer impacto. A ésta se encadena Escalofrío, un temazo que va creciendo terroríficamente.

«Confeti negro, escaparates rotos por San Valentín»: la cuarta pieza, homónima de su empresa, no se queda ni mucho menos atrás para asimismo adquirir legitimasónicamente el halo de himno. Las voces de Álvaro Arizaleta y Cristina Martínez van turnándose en el cuadrilátero para asestar endiabladas y certeras ráfagas.

A la espalda del mar abre una segunda puerta siniestramente entreabierta para adentrarse de lleno en sombrías penumbras y atractivos oscurantismos. Ésta y Anzuelos se refuerzan con un manto de texturas sintetizadas desfiguradas con pulcritud.

En el descenso final hacia las últimas dosis nos esperan colmillos, dentelladas y espasmos para Susúrrame, frenetismo caleidoscópico en La lombriz de tu cuello y la condena ejecutoria irreversible con Entre cactus y azulejos, tintada de diabólicos coros.

 

Le dan otro vuelta más a la alternatividad configurándose en un «trabajo que busca y encuentra otros horizontes» (José C. Peña). Indiferentemente diferente, obra maestra de la dualidad vocal.

El que avisa no es traidor. No querráis (porque jamás podréis) encontrar paz y sosiego, una vez dentro será difícil huir. Neblinas constantes de enigmas intermitentes. Inquietante, incisivo, morboso, por fases humeantemente gélido, crudo, radical: el álbum te acecha desde la primera nota, no te da tregua, y antes de que te quieras dar cuenta te captura en un punto de no retorno con su electrificante tejido y sus punzadas crípticolaberínticas.

 

No os arrepentiréis: dejaros atrapar por uno de los mejores discos de éste ya mítico 2014. La formación ha vuelto más en forma que nunca para enrolarse en atmósferas lúgubres reforzando y revistiendo su música para dotarla de ennegrecidas capas y giros acústicos fatalmente seductores.