Archivo mensual: noviembre 2014

[Winter indie city] Manifiesto

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Suponemos que todas las dudas acerca del Winter indie city vienen generadas porque no debe ser un modelo muy común en la escena actual de festivales o ciclos de música indie. Y lo decimos con todos los respetos a la época heroica que diría aquel porque por entonces significaba una serie de valores y actitudes que ahora mismo están casi extinguidos. ¿Por qué se producen las extinciones? Normalmente por adaptaciones a los nuevos tiempos, a estos en los que manda el dinero y llenar recintos.

No lo decimos nosotros, ya lo advertía Benjamin cuando explicaba lo peligroso que era que los bienes culturales fueran absorbidos por el mercado y se convirtieran en eso, en mercancía. Pero el WIC almacena en el imaginario la palabra independencia en su sentido primigenio [,] actitud para hacer las cosas de manera espontánea, también amateur y pasional, hacer caso al corazón y no al bolsillo.

Sí, quizás creamos demasiado en la democratización del arte no refiriéndonos a su producción sino más bien a su recepción. No nos importa demasiado que haya [4] personas en los conciertos porque esos [4] están allí en apología de su individualidad y no por modas, [gilipolleces] o postureo vario.

Queremos mantener nuestra independencia de salas, asociaciones culturales, política y asuntos de caja. Agradecemos su colaboración o su indiferencia, nos mantendremos en el mismo lugar. Queremos traer a nuestras bandas, nuevas o veteranas, a esta pequeña ciudad que es Segovia. [4] ediciones después seguimos vivos pese a quien pese. Sabemos que también se alegra mucha gente y que otros muchos aún no saben quiénes somos. A todos ellos queremos explicarles que el WIC es cabezota y que sólo pretendemos ser una vía de escape entre un montón de producciones en serie dónde [“1”] se parece peligrosamente a “otro” hasta que todo se convierte en una hilera de espejos. Queremos romper[los] todos.

No somos una sala de conciertos [ni] una iluminación de políticos [ni] tenemos marcas en nuestros carteles [ni] contratos que nos aten [ni] somos indies por abrazar un determinado sonido sino una actitud [ni tampoco] profesionales [ni] tenemos presiones para traer a las bandas que venden.

Somos lo que queremos ser. Independientes


[La habitación roja Penélope viernes 24 octubre 2014] Canciones gran reserva, ganas intactas

La madrileña sala Penélope fue la elegida para que Jorge Martí (entre Rickenbacker y acústica) y sus muchachos condensaran y explosionaran otro bolo para el recuerdo crescente en épica y buenrollismo ilustrado. Sin teloneros ni ninguna presión nos deleitaron con 2 horacas de espectáculo mayúsculo, guitarrazos brillantes y un repertorio memorable.

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Un concierto de La habitación roja es sinónimo de entrega y rock del bueno sobre la insustituible y cíclica temática amorosa. Buena gente y grandes músicos, con una trayectoria tan dilatada nos vigorizaron con un set list que tocó casi todos los palos sin olvidar himnos estelares y canciones grandiosas que siguen hechando raíces e implosionando como recién horneadas.

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Desde los primeros acordes los privilegios de tocar bajo techo implementaron un sonido exquisito donde guitarras, teclado y bombos camparon a sus anchas. Con El resplandor para el tercer corte los instrumentos y la voz se dieron el primer homenaje gracias a una canción tan eterna y poderosa que no para de crecer con cada escucha, con cada directo.

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Para las siguientes canciones tiraron de sus 3 últimos trabajos en un combo más que digno e interesante que asentó el nudo de la noche con temas “numismáticos” como Quedas tú, La casa en silencio y los hits La moneda en el aire y De cineLa segunda oportunidad y la magna Voy a hacerte recordar se unirían a los festejos, completados con la gigantesca Indestructibles con un irreversible karaoke que patentizó uno de los momentos estrella de la noche.

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La traca final tras el bis más que generoso comenzó con los instantes de supraintimismo de A dos metros bajo tierra para continuar con La noche se vuelve a encender. Lo que vendría después ya sería imparable: Annapurna retumbó por cada poro del garito para ir poniendo el broche de oro a otro evento lleno de dedicación, pasión y algunos de los mejores temas del poprock alternativo patrio. Ayer: para la última pista Martí se bajó de los focos para mezclarse con el público micrófono en mano derrochando carisma y unas cristalinas ganas de pasárselo en grande fundiéndose con las atmósferas. Sublimada hasta el orgasmo sónico en su alargue legendario toda la formación puso su granito de arena para el éxtasis definitivo. Los fotogramas finales recordaron a su impronta final en el Santander music, ésta vez se jugueteó con el mastil del micro para un cremosón distorsione guitarril y con la muerte de una apurada copa de vino presente desde el principio que estalló real y metafóricamente tras patada frontman pronirvanera [doy fe con el trozo de cristal que aterrizó agitado en mi cuello] para cerrar otra gloriosa ocasión que demuestra que el melómano 2014 va a ser muy difícil de superar.

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En definitiva una banda que en febrero de 2015 cumplirá 20 añazos y que sigue en la trinchera ofreciendo un despliegue de recursos trabajados con la ilusión renovada del primer ensayo y del primer disco. Gracias de nuevo Pau, Marc, Jordi, José y Jorge.

Fotografía: Alberto Del Castillo


[La habitación roja] Otra apuesta ganadora

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Lingotes sónicos. Energía y fuerza. Son las 2 sensaciones que primero te golpean desde las primeras escuchas. El sonido Habitación roja: compacto, cuidado y siempre tan llevadero en este caso vuelve a demostrar éstas virtudes fundiéndolo además con capas brillantes y profundas que le otorgan de un carácter renovado que rezuma positivismo y buenas dosis de subidón. Vuelven a tocar la fibra. Tras las primeras destilaciones la impresión que queda y te acaba impregnando es que te hallas ante una obra excelsa, bien arraigada e intensa en los sentimientos, esto último innegociable en el territorio musical.

La trayectoria y la más que consolidada experiencia del combo valenciano son indiscutibles. La habitación roja sigue en la carretera y le sigue sentando fenomenal cada kilómetro. Tras el mítico Fue eléctrico Jorge Martí y sus muchachos vuelven a reforzarse con un discazo mayúsculo de mensaje esperanzador y de exquisitas ejecuciones. La moneda en el aire (2014) es uno de esos álbumes que te marcan, improntantes, y que llegan, te abrigan e inspiran en momentos decisivos de tu vida, un trabajo con el que muchísimas personas se pueden sentir identificadas y por tanto una obra digna de aplauso y de un lugar privilegiado en discotecas personales e irreversibles melomanías.

Teniendo en cuenta el cuarto (“estrellas fugaces esperad, tengo tanto que desear”, baladón marca de la casa) y las trazas oníricas del último corte [“mis canciones te acompañarán”] (canciones –sobre todo ésta última– de y a la altura de su temática en la estela de la mejor melancolía de Los secretos) el disco rebosa descargas y guitarreos pop premium. Un largo más que apto para el directo [doy fe las 3 veces que los he visto que sus bolos son pura entrega y pasión].

El primer triplete (como buenos capítulos literarios) nos engancha para seguir hasta el final. “Aún recuerdo esa mirada, nadie me ha mirado igual”: el primer corte homónimo, en lo alto en todo momento, de energizante optimismo instrumental desde los primeros segundos es claro y meridiano: mensaje irrebatible de carpe diem. Un ariete más que acertado. Con De cine (“ lo mejor que me ha pasado”) [videoclip brutal] el trasfondo la torna radiantemente soleada, con un estribillo y tempos pata negra y un crescendo imparable desde el intermezzo. En Tanto por hacer (“seguir y no abandonar. Lo obligatorio es que nos volvamos a ver”) los teclados entran en gracia y continúan su legado hasta la última nota en un telón de fondo que la otorga texturas delicadas.

El hermanamiento filosófico y actitudinal entre las inmensas No quiero ser como tú (“ya no me hacen falta galones”) y Carlos y Esther (al mirar hacia otro lado) (“no tendremos más salida que estallar”) se alza como la huella más decisiva y honesta del disco. Los de La Eliana se mojan y salen muy bien parados (la superioridad moral está asegurada). En el caso de la primera nos sorprende con un arranque melódico muy de los hermanos Urquijo, uno de esos temas que deja poso, aforístico, tajante, lapidario; una canción que chirriaría a cualquier paletín y por tanto de mis favoritas, en su moraleja me gana y abduce sin vuelta atrás.

De la épica pura por los 4 costados de Carlos y Esther apuntar que tal como está el orden se hace esperar pero cuando llega es invencible. Cual vetustos Cuarteles de invierno vuela con potencia y llamaradas. Digna para petarla a todo volumen, ampli y frenesí. Temazo incontestable, sin fisuras ni ningún género de dudas una de las mejores canciones del glorioso año en curso.

“Con lo que me queda haré todo lo que pueda”. La casa en silencio muestra un derroche teclil iniciático juguetón hasta las postrimerías que se engarza con mucha clase al resto de estructuras y propuestas. Otro ejemplo de todos los vigores de la banda. Lírica de nuevo dando en el clavo. Dónde no exista el miedo (“saltaremos al vacío, empezaremos de nuevo”) detona con otra crecida admirable.

“Míralas, las veo resplandecer, nos dan cada día más”. Quedas tú transmite una electricidad de sensaciones más que agradecida. “Nunca es igual y eso es lo mejor de que nos vuelva a pasar”. Las elegancias soñadoras de En busca del tiempo perdido conservan la línea para ir cerrando el completo y coloreado círculo sonoro.

“No pesan los años pesa la mediocridad” (Rubén Romero), de eso es exactamente de lo que salen victoriosos los levantinos. Están en su mejor momento patentizándolo en cada concierto y con éste LP. Esa es la actitud, que es finalmente lo que nos cala y nos define.