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[Monte del oso] Ruidismo lidérrimo

Monte del oso

La música que no emociona no sirve para nada. Un paso más allá de la deliciosa escuela del power pop caviar beluga Monte del oso fue uno de esos descubrimientos antes de que acabara el reminiscenciable 2015 maravillosociclópeos con los que te haces aún más melómano. Con estos navarrucos lo que está claro es que prioriza la emoción, el vigor, la melomanía, el putoamismo sonoro por los 4 costados, el simeonismo sónico. Delicatessen ruidista, maravillérrimo antiedulcopop, melomanías norteñas. Esto tiene que doler se torna desde el primer ► en alineación titularérrima de himnos incontestables desde el primer acorde.

Esto tiene que doler. De verdad, sin adulterar

Ariete que desde los primeros soleados guitarrazos te hace sentir algo especial. Con inicios como éste sabes ya de qué pasta está hecha una banda, los navarros desde luego están hechos de una exquisita.

CNI. Lo tuyo es libertad lo tuyo es anarquía

El bukake ruidistoguitarrero sigue firme hacia la gloria. Temazo brillantoelectrizante adictivo.

Te ayudaré con esto. Siempre que sonríes soy feliz

Himnérrima tonada. De las canciones más importantes de toda mi vida. Para mí entre las 14 mejores composiciones de la historia del mundo mundial. Aglutina todas las bondades y virtudes de la banda para tornarse en una bandera eterna hacia la politóxicomelomanía más radical, absoluta e irreversible. Es sencillamente una brutalidad himnaria tan inyectante y adictiva que sólo te cansarás de paladearla tras la escucha infinito + 1. Creo que J y el resto de Planetas pueden convenir que su estribillo soleado asesina tus malos rollos haciéndote surfear por recuerdos y sensaciones importantes, ésas que te acompañarán hasta irte al hoyo. Sí, las guitarras, ráfagas y pedaleos siguen inflamando pasión y las mieles de la mejor música (de aquí y allá). En serio, una cancionzaca que muchos matarían por haberla compuesto. Gracias Ion, Edu y Luis.

Perdón número 67. Esta vez no tengo nada que objetar

Letra al esternón [en tardenoches como hoy]. ¿Las guitarras? Pues ahí siguen, líderes junto a una cremosona percusión. Con estribillo parapapapá pop premium incluido

Amigo fuego. Eres pura vida, un ser libre, un salvaje, una bestia, todo hambre, puro arte

Las 6 y 4 cuerdas siguen fundiéndose con la batera para seguir con la clase magistral de noise pop clase supra de todo el álbum.

La eternidad. Por esos ojos te doy mis huesos

Otra preciosidad para la saca. Atmósferas postrimeras indestructibles, sí, hay que joderse, vaya guitarrismo más mitiquérrimo non stop. Maravillosa para acabar un concierto/festival.

Seca hierba del jardín de mierda. Seguiré hasta reventar, no voy a pensar voy a machacar

No os olvidéis de la lírica, que con cosicas como ésta los navarricos patentizan que aparte del indiscutible putoamismo ruidista también saben cuidar muy bien la literatura para espetarla como es debido delante de un micro y a ser posible de mucha gente.

El estado de las cosas. En el mar de la mediocridad sobran peces, sal ya de ahí

Muy rico nene, sí, Monte del oso sigue petándolo, esta muchachada sólo sabe fabricar hits. Muy reminiscenciante: los amigos que sólo eran colegas de cañas y personas que van y vienen en los ruidos y las lujurías de las nochemadrugás y/o juergas varias.

Como agua entre las manos. Las últimas estrellas, la central desierta, rompiendo carreteras. Como globos en verano

Otro atesorable lujo filoasiático de tempos e interregnos perfectos.

Os quiero aquí a mi lado. En mi cabeza estáis todos aniquilados

Sí, el nivel no sólo se mantiene sino que no para de crecer. Cedés de éste calibre te hacen recordar lo necesaria que es la buena música, la otra música que la escuchen los sinsangre y resto de flojitos mangutenses de la vida. Ya se sabe la miel no está hecha para la boca del asno, y muchas veces, es mejor así.

Nuevas aventuras. No hace falta si no quieres hablar sólo abrázame sin más

Pepinazo tocafibrense de cierre íntimo a lo La caja del diablo. Aquí acaba el VIAJE ¿y ahora?, volver a dar las gracias pues y retornar a su escucha las veces que hagan falta.

`Disparan las frases como ejecutan los riffs: a cuchillo, manda el nervio, guitarras abrasivas y cierta pulsión hardcore a cámara lenta´ (Luis J. Menéndez). Teniendo en cuenta estos últimos meses si tuviera el honorazo de aparecer interrogado en Los discos de mi vida de Mondo sonoro éste disco estaría sin duda entre ellos.

El verano de tu vida, la mujer de tu vida, el gol que le da a tu equipo La Orejona, un bourbon crema mientras ves el atardecer en la playa, conducir un descapotable vintage por una recta loca de la ruta 66, ésa película que te deja con el culo torcido, un libro que te abre los ojos. Los pamplonicas firman un debut que es un auténtico ametrallamiento de hitets popruidistas sin tregua, noise titánico selecto para paladares supramelómanos y para otros que opten por empezar a escuchar buena música. De facto y de iure en el creamiest top del año pasado, junto a Alborotador gomasio y Disco Las palmeras se me antoja el tríptico guitarrerodistorsionil invencible de 2015. En definitiva, un disquérrimo patrimonio inmortal de la melomanía.


[Antonio Vega] La cosmogonía de los sentimientos

Antonio

“Es imposible sacar a nadie del sitio en el que quiere estar” (Carlos Vega). La síntesis perfecta de una personalidad que necesita sus momentos de penumbra y recogimiento para ofrecer su talento abiertamente cuando Euterpe le ilumina para deleitarnos con su obra.

Esa mirada: fragilidad, misterio, pero también cercanía, calidez y humanismo puro. Muchas veces se me antoja imprescindible escribir en caliente. Lo más inmediatamente seguido a ciertos acontecimientos. Empiezo estas líneas un lunes, 12 de mayo de 2014, desde mi habitación, en silencio, mirando de reojo el autógrafo del maestro que rescaté de mis archivos y adherí a la pared hace unos pocos días. Esta mañana el energizante programa de Radio 3 de Ángel Carmona me recordó el obituario y desde entonces no he podido parar de pensar en todos los intervalos que atesoro y relaciono a su recuerdo: sus composiciones siempre formarán parte de la banda sonora de mi vida recordándome lo quebradizos que podemos llegar a ser y las situaciones que te dejan sin aliento, las horas bajas y las intermitentes necesidades de huir, aislarse, desaparecer.

El otro día, al salir del cine, el documental de Paloma Concejero terminó por apuntalar mi puzzle sobre la figura del músico y la persona. No pude resistirlo y al llegar a casa me quedé escuchando hasta que me entró el sueño dulce mi desempolvada selección de sus mejores canciones.

Las sensaciones de melancolía y tristeza de aquella tarde se vuelven a reproducir en mí casi intactas en cada aniversario. Aún recuerdo con nitidez e intensidad el día en que se nos fue. La tele prendida en el salón, hora decente de comer y de repente lo oí, porque me costó escucharlo, digerirlo, interiorizarlo. Nada más salir del trabajucho que desarrollaba por aquel entonces y que en realidad jamás necesité fui directamente al palacio Longoria a dar el último adiós al genio madrileño.

—¿Para qué es ésta cola? —me preguntó una chica obligándome a pausar el ipod.

—Para despedir al solista más grande de éste país —le contesté sin tapujos y desde las entrañas.

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Firmado con todo el arte que pude reunir el libro de condolencias para la ocasión me quedé paralizado junto a la caja de madera con el crucifijo que lo albergaba. Mi reflexión fue sencilla y no menos brutal e irreversible: todo lo que no hagas antes de palmarla no lo harás jamás. Meses atrás había estado a punto de ir a verle al Galileo pero siempre surgía algo menor que me hacía cambiar de opinión y descartar mi idea. Ya no había vuelta atrás, Antonio Vega no regresaría nunca. Enseguida recibí la bofetada moral y aprendí la lección: no pastelees con tus pasiones, el carpe diem se torna piedra filosofal y es estúpido frenar tus impulsos positivos.

Me es imposible no emocionarme, que no me toque la fibra cada vez que escucho (y siento), entre otros temazos, la triada de himnos Lucha de gigantes, El sitio de mi recreo y Se dejaba llevar por ti. Pese a la melancolía de muchas de sus canciones eternamente me recordará muchos de los mejores fragmentos de mi vida, desde luego entre los más decisivos.

Un sabio de la sensibilidad, un artista por cada uno de los poros de su piel que nos enseñó/recordó que en la vida es necesario sentir, e incluso es preferible sentir lo amargo, el sinsabor y la derrota antes que no sentir nada, el vacío. Sólo así podemos apreciar con total poderío los instantes de felicidad plena que nos pueden regalar cuando menos lo esperamos demostrando que tras los nubarrones puede asomar el chorro de luz definitivo que escampe la tierra yerma para que vuelvan a crecer la esperanza, las fuerzas y la ilusión para seguir adelante, no abandonarse.


[Napoleón solo] Claroscuros bonapartistas

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«Si intentas hacer un disco para llegar a algún sitio en concreto esa idea te mata, se vuelve en tu contra y terminas en el lado contrario de dónde querías. Sólo la idea de convertir a[l grupo] en algo fácil o digerible nos hubiera llevado directamente al traste» (Neuman).

Alonso, José y el resto de Napoleones se/te sacuden con decisión y sin fisuras por terrenos angulosos y de fragilidad nocturna. Dan un volantazo a su primigenio estilo pop radiante enfilando una aventura conceptual incardinada a través de un ser/ente puramente inventado. «Queríamos hacer un homenaje [a]l revés. Poner la inspiración en boca de un señor que no conocimos. Un [tributo] paranormal». Una apuesta valiente, todo un viaje. Ritmos embrionarios, adentrativo, sentío, críptico y reptante por momentos, atmosférico. Una de esas selecciones de temas que van haciéndose grandes. La luminosa Yuliana, Juliana y el conseguidísimo gracejo de Emilia y Pepe nos conceden un “respiro” al detenernos en 2 licencias cancioneras dentro de la trabajada porosidad del álbum.

«Cruzando la diagonal de todo lo que esperabas, dando esquinazo a lo que se considera normal, a 6 grados de desesperación de lo que pudo haber sido, justo en ese punto se alzan» (Marta Terrasa). Esto no es Izal o Dorian que te lo dan bien mascadito, aquí las capas se van desplegando a cada escucha destapando detalles y mostrando selectos pasajes de misticismo y magia. Los granadinos despliegan todo un pluriverso «centelleante». El trabajo «resuena en tu cabeza con un eco especial [,] como si te hubieras enfundado una escafandra. Con coros que dejan polvo de estrellas. Creaciones difíciles de atrapar, sonidos que desarman [produciendo] hormigueo emocional. Caminas sobre territorio virgen, nada está establecido con anterioridad. Las canciones caminan a partir de su idea [, de] su big bang» (Ángel Carmona).

Un tercer largo que deja poso instantáneo destilando romanticismo y exigiendo atención para dejarse envolver sin prejuicios zambulléndose en una propuesta originalísima y exquisita. Provoca ejercitar el músculo de la melomanía al ser todo un ofrecimiento interesantísimo. Su álbum más experimental hasta la fecha, arrojado, un decálogo napoleónico que me reminiscencia a las ráfagas de El canto del bute, tema brutal rompedor protrianero de sus infinitos y eternos paisanos Planetas.


[Vetusta Morla] Timoneando otra gesta

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Profundidad, esa es la sensación que te invade canción tras canción, estribillo tras estribillo, detalle tras detalle, pulsión tras pulsión en una implosión/explosión de rabia canalizada con mucho estilo.

 

Llenar La riviera 5 veces consecutivas demuestra muchas cosas buenas pero sobre todo que siendo discretos y sin hacer ruido se puede estar en los contextos decisivos para gritarle al mundo calidad y legar recuerdos imborrables.

 

El sexteto madrileño teje un lenguaje musical cuidado y preciso con etapas colmadas con “explosiones de energía contagiosas” (Víctor DE MIER).

Saber estar, bravura, lírica e instrumentalidad exquisitas: Pucho se funde sublime con pulcritud junto a todo el armazón de ritmos y ráfagas ofrecidas retratando y señalando con elegancia.

Se saben grandes y están a la altura de sus valerosas proclamas, La deriva (2014) de Vetusta Morla golpea conciencias hasta hacer caer a la lona a muchas mentiras obligando a morder el polvo a embustes, farsas, estafas y humos malvendidos varios con una docena de piezas que conforman un edificio de coherencia sólido muy bien compensado en todas sus líneas.

 

Avanza lentamente, decidido sin ningún tropiezo aperturando con 2 himnos de lujosa percusión (La deriva y Golpe maestro). El rumbo prosigue con kafkianismos y lúcidas ráfagas (La mosca en tu pared), escaladas límpidas (Fuego), desnudeces y más verdades (Fiesta mayor) y selectos vaivenes (¡Alto!).

 

Las olas continúan golpeando a babor y estribor pero la nave sigue aguantando: una dupla de crescendos espectaculares (La grieta) y descargas destelleantes (Pirómanos), otro par de dardos sónicos en una diana agujereada en su epicentro.

Cuando parece que van a llegar a una tregua (Las salas de espera) te empujan de nuevo con Cuarteles de invierno, una delicia, un tesoro, otro temazo que sella su remembranza con otro ascenso marca de la casa.

 

El minutaje más longevo se lo lleva Tour de Francia, una graciosa genialidad que se me antoja como un puñado de inteligentes metáforas entrañables para ir despidiendo al estío.

Una sonata fantasma me hace regresar a la brillante crecida de Autocrítica y los magistrales ecos de Rey sol para dejar caer el telón y recibir el estallido de los merecidos aplausos.


[Niños mutantes] Mutando hacia la excelencia

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Tras la sublime autoestela de Las noches de insomnio y Náufragos Niños mutantes siguen completando el círculo con El futuro (2014). Continuismo cum laude, una trilogía de melodías y efectismo pop exquisitos. En momentos decisivos siempre se agradece un faro, algo y/o alguien que arroje luz, frescura, naturalidad.

Intensidad, sonidos brillantes sin fecha de caducidad ni fisuras, eficientes, desnudos, contundencia, rigor, coherencia, huella. Arreglos magistrales, corporeidad melódicolírica sublime. Letras cuidadas sin olvidar la fuerza del mensaje, guitarras magistrales, empaque en la percusión y profesionalidad y abrigo vocal. Conserva y cobija intacta la identidad sónica mutante.

Muy paladeable, entra perfecto a la primera cual deliciosa tapa granaína. Un tesoro, una ofrenda con un nivel al alcance de muy pocos. El buen hacer continúa, lo vuelven a bordar: un trabajo lapidario, redondo, que vuelve a dejar claro y meridiano porque los granadinos siguen en su mejor momento confirmándose como una de las mejores formaciones y en plena forma de la escena independiente avalada en todo momento por una trayectoria intachable desde hace años.

“Un cancionero que otea al horizonte con esperanza [y que] cala” (Arturo García), “rock andaluz sin fronteras” (Joan Luna), “magnetismo de largo alcance” (Enrique Peñas), “robustecimiento poliédrico” (Javi Pulido), “melodías que acaban por apuntalarse del todo, un viaje unitario por diferentes estados de emoción” (D.D.). Los extractos piropiles están más que justificados.

Trasvasando unas palabras de Carlos De Ziriza estamos ante unas “lujosas viñetas de placer, un puñado de temas inapelables”, un sabio y conseguido ramillete de canciones, una alineación titularísima que te gana desde el acorde inicial:

Robot
Liber(t)adora. Un tema con todos los ingredientes. Su explosión, su golpe encima de la mesa en el ecuador la convierte en un ariete legendario, en una pieza con tal pegada y autonomía que demuestra y legitima todo lo que va a pasar a continuación. Su licencia final ochenterohomenajeante me parece una locura maravillosa reservada sólo a los más grandes. Inspiradora su fraternidad sonora y el enlace mensajísticoviajante entre ésta y Todo va a cambiar.

Santo Domingo

Precisión narrativa. Los más grandes también le cantan al amor a tumba abierta sin ruborizarse desterrando cualquier pasteleo inerte.

Hermana mía

“Arte mayúsculo, precisión de baquetas” (Josetxo Río). La ola no para de crecer. Verdades como puños, bella en todas sus aristas. Se termina por arrojar al triunfo sonoro máximo desde su aglutinante estribillo.

Barronal

“Ideal para acompañar los acrisolados atardeceres de verano” (De Ziriza). Aromática, mediterráneotropical. Te va meciendo “con un pop orgánico e intimista [que] destila calidez para sobrellevar cuatro inviernos” (Virginia Arroyo) para enlazarse sorpresivamente con el clímax, el brutal tema titular.

Todo va a cambiar

Canción estrella, temazo máximo, himno de más reciente acuñación que no para de brotar y fortalecerse hasta su cierre matrícula de honor y que pide a gritos un videoclip mítico. Ejemplar, tsunami que rompe irreversible en el éxito eterno. Prácticamente imposible no caer en su bucle. Como La Alhambra es radiante la mires por dónde la mires. De esos diamantes banda sonora que lo explican todo. [No puedo resistirme, antes de seguir tecleando voy a volver a darle al play] “Transparencia, la batería vuelve a galopar y se van sumando magistralmente las capas de sonido” (Virginia Díaz). Un “hitazo aupado a lo más alto sonando mejor que nunca y vibrando como siempre” (Nacho Sola) para  petarlo en festivales, salas varias y dónde haga falta. Me encanta como va escalando, el paladín del álbum plenamente energético, otro más.

A partir de aquí la creación sin perder ni una milésima de eficacia e intención se posiciona claramente en la potencia de su legado: Boomerang supone un airoso hermanamiento con la náufraga La voz alzándose con un poso maestro con el que no puedo estar más de acuerdo [e identificado].
Huesos recorre todos los poros de tu cuerpo con sensaciones muy auténticas. Tempos bestiales que consiguen su objetivo con creces.
Primigenios punteos y jugueteos instrumentales muy bien traídos anuncian que la cosa va a seguir estando arriba, es el momento de Es lo que hay, a lo que hay que sumarde nuevo certeros coros.
En el tríptico final llega la hora de poner a mucha gente en su sitio y de invitar a la necesaria autocrítica. Las dos primeras golpean con estilo dónde más duele, ésa es la misión del noveno y décimo cortes, El circo y La epidemia, categóricos, que sin prisa pero sin pausa avanzan sin oposición hacia el irreversible desenmascaramiento. La profundidad y la acústica siguen impregnando íntegras. El tren se detiene con Olvídate de ti, que ya te gana desde el título dándose la mano con las nocturnidades insómnicas de Los segundos.

Recomendabilísimo monumento, obra maestra de la alternatividad patria de codas vitales. “ [Desprende] toneladas de energía,  magia, madurez, limpieza y honestidad. Cuando llegas y echas la vista atrás te das cuenta de que  es el disco que necesitas en uno de los momentos clave de tu vida” (V. Díaz).

Abanderando calidad, acumulando himnos. Germinación, refuerzo evolutivo y culminación, si no existieran habría que inventarlos: un grupazo para gloria melomaníaca que no deja de ampliar su bien nutrido y potente repertorio y que nos demuestra y nos recuerda el inmenso y mágico poder de la música.


[Sidonie] Bastón, bombín, teclados y neones

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Vuelven a arriesgar y vuelven a ganar.

Tras la paradisíacogelatinosa viscosidad psicodélica del Fluído el trío barcelonés vuelve a sorpresivizarnos con un regreso al futuro sónico: atmósfera dandi y nuevas experimentaciones sinfónicocósmicas sin ninguna prisa, como debe paladearse un buen añejo.

 

“Si el disco fuera un edificio los teclados serían las columnas y las guitarras el coronamiento. Ha sido muy enriquecedor hacer canciones con un instrumento que no domino, era muy estimulante ver cómo evolucionaba una melodía sin depender de los trucos aprendidos con la guitarra. [Siempre hay un proceso creativo] Todo se compuso con un teclado antiguo [un Lowrey setentero] que encontré en un anticuario. Hicimos el esfuerzo de componer sin dominar ese instrumento. Fue como un juego” (Marc ROS).

“De repente Jesús no tocaba el bajo, tocaba [un] Korg” (Axel PI).

“Hemos descubierto que podíamos crear con un lenguaje que no fuese el de siempre sin perder la identidad” (Jes SENRA).

 

Espacialidad, evolución robotizante, atmósferas oniricoinsómnicas, pasajes de oscurantismo intimista, toques de glam rock y asperezas precisas. Éstos son algunos de los ingredientes que se pueden palpar y con los que recrearse en el multiuniverso que nos ofrece esta obra: poliédrica y creciente.

“Supone una evolución de su sonido hacia un pop electrónico cristalino luminoso sin renunciar a sus raíces. Requiebros melódicos atemporal[es] que destacan [por su] viveza sonora” (Luis J. MENÉNDEZ).

Un “torbellino rítmico pop sobre un tamiz electrónico”(Joseba VEGAS).

“Lírico, atmosférico, misterioso, cinemático, clásico y vanguardista a la vez es un compendio de muchas virtudes y sensaciones confeccionadas con imaginación y creatividad” (Francesc FELIU).

“[No] falta, ni mucho menos, intensidad melódica ni épica: aquí hay calor. Es cualquier cosa menos fría a pesar de su superficie sintética” (FREIRE, Rolling stone).

 

Sierra y Canadá [es] un nuevo giro hacia un sonido de teclados cuando nadie esperaba esta gratificante mutación. [Éste nuevo trabajo] tiene magnetismo y te atrapa [, es] un micromundo propio creado a conciencia” (Toni CASTARNADO, El factor humano).

 

“Un sonido sorprendente que [les] sitúa en una nueva dimensión más cerca de los ochenta que de la psicodelia que siempre han revitalizado y llevado a su terreno quitándole el polvo y actualizándola.

Poderoso enganche melódico [,]estribillos arrebatadores o incluso coros luminosos y bombásticos. También [hay] momentos [de] pop pizpireto o incluso otros en que se vuelve más oscuro [pudiéndose] hablar del influjo de Depeche mode sin que resulte una meada fuera de tiesto. Un disco muy variado que puede pasar de una balada algo siniestra a un curioso tema cargado de ironía [,] pleno de contrastes que poco a poco va conquistando el corazón del oyente“ (Don disturbios, Mondo sonoro).

 

13 nuevas canciones para seguir agrandando su excelso repertorio expresable también con la fórmula 11 + 2, gracias a Canadá I y II.

Las 2 Canadás interrégnicas completan el neoengranaje del flamante y metalizado artefacto compositivo industrializante que supera sus propias barreras para transmutarse con precisión. La cosmovisión de cada pieza es muy sugerente aglutinando un conjunto nivelado con éxito:

 

Sierra y Canadá (historia de amor asincrónico).“Un error fatal espaciotemporal”

Imagen, intención. El inicio del videoclip es buenísimo. Postal sonora de entrelazamientos vocales y ciclos magnetizantes. Ariete perfecto de resonancias delicadas para zambullirse en la nueva cosmogonía de Sidonie.

Empujes autómatas, amor replicante, robótica blanda. “Necesitaba contar una historia de amor extraña, hermosa y triste y que la protagonizaran 2 robots [que reproducen los errores humanoides] en un futuro postnuclear. [De] estilo soft es y será una de nuestras canciones favoritas” (M. ROS).

 

Rompe tu voz. “Sube desde el pulmón”

“Vitricida” (Chema DOMÍNGUEZ, Efe eme). Expansiva, libertarizante. Temazo muy serio dónde los sintes viajan con entusiasmo con el resto de instrumentos y neosonidos. Estribillo implosionante que abduce e invita a seguir entre nuevos meteoritos y guiños satelizantes varios.

 

Gainsbourg. “El golpe derrama. Apaga tu sed”

Delicatessen icónica (homenajeante) donde los teclados siguen fluyendo con todo el protagonismo y la temática requeridos. Por momentos hipnótica no deja de abrirse paso.

 

Yo soy la crema. “Me avanzo a tu miedo moderno”

Perla reflectante adherente retratante inteligente, aguda, fluorescente, posicionada exquisitamente.

 

Un día de mierda. “Pero qué más da sólo quiero silbar”

Se sale de la órbita electroteclista. Pausa ínsula sonora maravillosa que huele a himno desde la primera escucha. Tan dulce y suave como letal.

 

Canadá (el feo de los Wham). “Esto es Montreal pero te quiero igual”

Primer interregno que se abraza con la anterior para coger carrerilla hacia el siguiente corte. Merece mucho la pena, grata degustación, muy paladeable.

 

Estáis aquí. “Y que la ola esencial…”

Globalizadora, muy musical. Admirable la modulación vocal de Marc. Pista muy festivalera y de clara factura para el gozo bilateral [banda y público].

“Queremos hacer de esta canción una fiesta cuando llega el estribillo. Habla de un tipo que vuelve de gira, se va al hotel, destrozado, acaba de hacer una room party con gente que no conoce, le viene un subidón raro del bajón de todo lo que se ha tomado y en ese momento piensa tranquillo [,] no estás solo” (M. ROS).

 

El mismo destello. “Te creces con los accidentes”

La marea no para de subir. Desde los primeros coros te desenmascara. Lumínica, va reptando sin contemplación hacia el éxito en una compactación muy bien medida. Subrayable la mezcolanza de guitarras y teclados del tramo final.

 

 

Canadá 2 (cafeína y brevedad). “De ti se ha vuelto a acordar”

Momento KitKat para afrontar la segunda parte del disco: más traslúcida, profunda y críptica, dejándose llevar por elegantes oscurantismos y el caudal de los sinsabores argumentales.

 

Las dos Coreas. “El miedo ha decidido por los dos”

Estribillo demoledor. Excelencia en todas sus mutaciones. Ejemplifica y abandera todas las nuevas bondades, texturas y capas decididas por la legendaria formación barcelonesa. Apertura, nudo y desenlace hilados entre coros letales, cambios de ritmo prodigiosos y el atractivo continuismo sintetizador. Se corona en alto, SIN DUDA.

“Es la más externa, la que se aparta más. También es algo oscura [,] tiene mucha riqueza y mezcla cosas muy interesantes aparentemente difíciles de mezclar” (ROS).

 

La noche sin final. “Quiero olvidar memorizándote”

Vampírica, coral, limpia y gran bisagra para el tramo final.

 

Olvido y morfina. “Sólo durmiente te concedo mi corporeidad”

Líquida, vaporosa y al mismo tiempo directa y contundente. Sigue las nuevas coordenadas a la perfección.

Hiroshima mi amor. “Entre chatarra ardiente postnuclear”

Cierre apocalíptico clarificador. Difuminadora, misteriosa, reptante, etérea, cálida, personalista. Hermanamientos rítmicos con Waveforms (Django Django).

 

Ningún grande se fija en lo que hacen los demás y va tomando sus propias decisiones: ahí brotan las tendencias.

La actitud de valentía y arrojo siempre es plausible y tarde o temprano da sus frutos. Acompañados para esta nueva aventura en su exquisito directo por Eduardo MARTÍNEZ y Marcel CAVALLÉ, Marc, Axel y Jes vuelven a dar un paso adelante con uno de los mejores discos del año, ya de culto, que en todo momento se alzará en un 2014 repleto de brillantes trabajos. Otro claro ejemplo que va mejorando según lo van destilando tus oídos y que se va haciendo grande para hacerse su hueco privilegiado en la época dorada de la alternatividad sónica en la que afortunadamente aún seguimos surfeando.

 

Ironía fina inteligentísima que te teletransporta para recordarte en seguida que ninguna tecnología vencerá jamás los instintos y sentimientos más fuertes, auténticos e irreversibles, el amor por ejemplo.Las indirectas que atesora son magnas, totalmente de acuerdo pues con toda su filosofía subyacente.

Dejaros llevar y nunca perdáis esa capacidad de sorpresa que tan sana y necesaria es que nos provoquen de vez en cuando.

Como Hank MOODY yo siempre me he sentido más analógico que digital.