Archivo de la etiqueta: Ebrovisión

[L.A.] Surfeantes atardeceres proCAlifornianos

From the city to the ocean side

Californias baleáricas. Desde las percusiones iniciáticas a las que pronto se unen las cuerdas del anglohimno Living by the ocean, más que perfecto para abrir o cerrar un bolo eleaense te das cuenta de que Luis Alberto y sus muchachos han vuelto a rematar un elepé magno de canciones impecables de cadencias melódicas y crecidas victoriosas guitarrobaterizadas positivistas soleadas maravillosas, y también bizcochointimistas cuando se tercia y sino fichar Higher place, una delicia ciclópea que entra por todos los poros tirando hasta de sentíos trompeteos ochenteros y olé. “Arrasador por su enorme calidad. Natural incluso evocador. Emotividad épica [en armónica y] cristalina línea melódica” (Raúl Julián). Ojo al derroche de fuerza y belleza de piezas como Revolutionary disguise, In gold y Steal my rivals.

“Clase [,] potencia. Un buen puñado de temas que más de una banda extranjera mataría por tener en su repertorio” (David Pérez Martín). También tienen playas y palmeras pero las Balears no son California, ahora bien, los musicazos de L.A. siguen siendo la mejor banda nacional cantando en el idioma de Bukowski, esto es así. From the city to the ocean side también son “bosques, largas carreteras, hogueras, moteles, acantilados, cabañas. Varios días por la costa de California: un coche, vino [y] guitarras. Todas las canciones salieron en ese viaje” (Luis Alberto Segura).

Un trabajo para dejarse llevar (Let it be beatleniano let it happen tameimpálico). La sensación que queda tras cada escucha es la de estar ante un disco grande de anglopoprock que nunca pasará de moda, más bien le pasará como a los buenos caldos, ya sea bourbon o vino gallego, californiano o riojano.

Octubre / Sony

14/14

https://open.spotify.com/album/5mHvUzKu2iKDY5T534cdDK


[Ebrovisión 2015] Melomanías acogedoras

Disco Las palmeras cabecera

Además del escenario Estereoclub, la sala Orosco y la zona Ebropeque (que delicia que desde bien temprano los más pequeños empiecen a paladear la buena música para alejarles del tóxico mainstream) el territorio mirandés volvió a mostrarse grande, muy grande alternando entre éstos espacios y 2 escenarios cubiertos genialmente acondicionados y engalanados para la ocasión. A la niña bonita le encantan los temazos porque 15 añazos no se cumplen todos los días ni las noches y Ebrovisión no hizo más que agrandar su magia y su leyenda para seguir consolidándose entre la crema festivalera patria de ayer, hoy y siempre.

En la Fábrica de tornillos se darían cita grupos que vienen dando buena guerra apadrinados por cierto grupazo barcelonés que no para de engordar su leyenda. Los aragoneses Pecker, sin bajo ni complejos ante las versiones (verbi gratia Peret), los magnos Rufus T. Firefly, con sus melomaníacos y flipantes alargues (#Escenarioprincipalya) y los capitalinos Trajano, tirando de filojoydivisionismos varios fueron un arranque perfecto para un hermoso juernes.

Parafraseando al gran Marc Ros la resaca siempre se pasa mejor en buena compañía. Y de qué manera. Lo que para alguno podría ser repetirse un pelín como las lentejas o un cocido fuerte y peleón para otros nos supone un auténtico deleite. Ver a un grupo como Sidonie 2 veces en el interregno de menos de 24 horas es un lujazo mayúsculo, una de ésas formaciones tótem que en cada bolo te sorprenden y suenan superlativos gracias a un trabajo y una experiencia y trayectoria envidiables y más que plausibles ante los que sólo puedes quitarte el sombrero, o el bombín.

En un horario tremendamente injusto para su magnanimidad (tocaban ése mismo sábado por la noche en Burela y por tanto también se marcaron un grandioso double dragon conciertil, que todo hay que decirlo) Disco Las palmeras despertó con sus gloriosos guitarrazos a más de uno haciendo desaparecer legañas y bostezos y entonando al personal para encarar la tarde, la noche y la madrugada. Una banda de culto a la altura de los más grandes desde su cum laude Nihil obstat que pese a tener que acortar su set y a ciertos problemas técnicos iniciales sonó gigantesca y lidérrima. Lo dicho, que pese a toda la contra de los elementos, los gallegos desplegaron su artillería para seguir ganando adeptos y consolidar más aún si cabe a los incondicionales como servidor. Gracias Diego, gracias Martiño, gracias Julián, larga vida a la distorsión y a seguir creciendo sin parar. Tras Mujeres llegaría la sorpresa a cargo de otro bolazo de Sidonie, que en formato versiones postaperitivo siguió demostrando la angloexquisitez de sus orígenes a través de interpretaciones de Oasis, The Beatles, The Smiths, Pink Floyd, The Who, Human League y Pulp, aderezando la colección de hits con el bestial tridente Sierra y Canadá (historia de amor asincrónico)Costa azulEl bosque. Momentos estelares inolvidables que gracias a las colaboraciones pasionales y melómanas de JuanAl y Nani mutantes, el supersubmarinístico José Chino, miembros de We are standard y Gonzo Planas de Mi capitán alentaron y consiguieron una sublime karaokeización que desató las alegrías de un abarrotado recinto.

Tras un buen avituallamiento y/o sesteos varios el escenario Cafés Gometero y el sábado 5 será recordado también (y mucho) por la juerga loca y el despiporre a cargo del SHOW del tríptico Joe Crepúsculo y su dupla bailonga. Ráfagas dónde algunos acabaron en paños menores y dónde parte del público se unió a la fiesta sobre las tablas para alargar en un bucle festivo sin fin el estribillo letal de Mi fábrica de baile. Bizarrismo y ganas de pasarlo bien a partes iguales que no dejó indiferente ni al más hipster.

En lo que se refiere al Multifuncional de Bayas los conciertos que allí tuvieron lugar fueron para el lucimiento de las bandas escogidas como cabezas de cartel que ni defraudaron ni decayeron ni una milésima en intensidad y entrega. Los malagueños Airbag serían los encargados de abrir la lata. Actuación enamorante. Los que no pudimos paladear el apogeo de Los nikis lo pasamos teta quedándonos con ganas de más y apuntando en un lugar privilegiado otra banda a seguir y a tener en cuenta. Tras ellos la solidez de los granaínos Niños mutantes y las 2 décadas de himnos sentíos de La habitación roja fueron un más que suculento doblete para enfrentarse a Sidonie, que comparecieron en escena muy playeros tras un temazo de los Beach Boys. Combo exquisito que no deja de reinventarse y por tanto de expansivizar su magia y melomanía. Bolo atractivísimo dónde los catalanes se metieron en el bolsillo al respetable desde los primeros punteos.

En la última jornada y con su frontman a doble micro sobresalieron L.A., sencillamente ciclópeos. Seguramente la mejor banda nacional cantando y componiendo en el idioma de Pizzolatto se recreó en sus deliciosos intimismos (Stop the clocks) sin olvidar himnazos como Rebel o de nueva cuña como Living by the ocean. Una banda muy grande que no para de girar con su último discazo por tierra, mar, aire, interior o dónde haga falta. Tras los mallorquines llegaría el turno de Supersubmarina que a falta de la inmortal LN Graná se marcaron una función eléctrica de un no parar de cancionzacas sublimadas por el derroche y perfeccionamiento de los de Baeza. El (filo)angloelectropop de Delorean fue un broche más que apañado para echar de menos en seguida y sentir cierta nostalgia por lo vivido, sentido e interiorizado, algo que sólo pasa con los acontecimientos que marcan y que quedan muy top entre los recuerdos de toda una vida.


[Rufus T. Firefly] Descarrilando creatividad

0003769614_10

Temas heroicos, guitarras y teclados muy grandes, ráfagas eternas, plena y coherentemente cíclico. Cosecha premium del afortunado año pasado la maravilla creada por los arancetanos en éste trabajo es el feliz caso de la obra que va agigantándose con cada escucha, con cada paladeamiento, con cada destilación, con cada latido.

Rescatando unas palabras de Baywaves «cada canción es un cuadro dónde se van superponiendo [,] pincelando diversas capas y detalles hasta alcanzar una densidad dónde puedas tener la sensación de estar sumergido en un envolvente océano». Poliédrico y pluriversal el álbum da rienda suelta a la creación radiante y explosionante abrigada de cosmicidad neo y propsicodélica. Texturas antigravitatorias bella y magistralmente distorsionadas que triangulan perfectas con la misteriosa y reptante voz de un Víctor Cabezuelo al que se le nota en su salsa dejándose llevar.

9 pistas ciclópeas de instrumentación sublime y lírica más que interesante y cuidada. Un constante encadenamiento de hits, El problemático Winston Smith, Metrópolis, Nueve, Midori, Demerol y piedras, no encontraréis nada pocho ni dudoso. La experimentación es dulce e intuitiva, deliciosa la intro muy Cliff Martínez en Drive para El increíble hombre menguante (homónima de un temazo de los Lori Meyers de los tiempos heroícos y mejores).

Rufus y Nueve son melomanía pura. ¿Épico? Sencillamente trascendental, un cañonazo mayúsculo improntante 101% recomendable para cualquier amante de atmósferas decisivas y de la señorita Psicodelia. Geniales ramificaciones filoelectrónicas y temas como cargas de profundidad que difícilmente no te recuerden por que son tan necesarios los buenos artistas, las buenas canciones, la buena música. Transmitente de emociones, desde la primera escucha ya sabes que estás ante algo muy grande.

Ya lo afirmó Federico Guillermo Nietzsche, «la vida sin música sería un error» y un error sería no paladear ni sentir éste disco si aún no lo has hecho o revisitarlo un domingo cualquiera.