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[Vetusta Morla] Timoneando otra gesta

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Profundidad, esa es la sensación que te invade canción tras canción, estribillo tras estribillo, detalle tras detalle, pulsión tras pulsión en una implosión/explosión de rabia canalizada con mucho estilo.

 

Llenar La riviera 5 veces consecutivas demuestra muchas cosas buenas pero sobre todo que siendo discretos y sin hacer ruido se puede estar en los contextos decisivos para gritarle al mundo calidad y legar recuerdos imborrables.

 

El sexteto madrileño teje un lenguaje musical cuidado y preciso con etapas colmadas con “explosiones de energía contagiosas” (Víctor DE MIER).

Saber estar, bravura, lírica e instrumentalidad exquisitas: Pucho se funde sublime con pulcritud junto a todo el armazón de ritmos y ráfagas ofrecidas retratando y señalando con elegancia.

Se saben grandes y están a la altura de sus valerosas proclamas, La deriva (2014) de Vetusta Morla golpea conciencias hasta hacer caer a la lona a muchas mentiras obligando a morder el polvo a embustes, farsas, estafas y humos malvendidos varios con una docena de piezas que conforman un edificio de coherencia sólido muy bien compensado en todas sus líneas.

 

Avanza lentamente, decidido sin ningún tropiezo aperturando con 2 himnos de lujosa percusión (La deriva y Golpe maestro). El rumbo prosigue con kafkianismos y lúcidas ráfagas (La mosca en tu pared), escaladas límpidas (Fuego), desnudeces y más verdades (Fiesta mayor) y selectos vaivenes (¡Alto!).

 

Las olas continúan golpeando a babor y estribor pero la nave sigue aguantando: una dupla de crescendos espectaculares (La grieta) y descargas destelleantes (Pirómanos), otro par de dardos sónicos en una diana agujereada en su epicentro.

Cuando parece que van a llegar a una tregua (Las salas de espera) te empujan de nuevo con Cuarteles de invierno, una delicia, un tesoro, otro temazo que sella su remembranza con otro ascenso marca de la casa.

 

El minutaje más longevo se lo lleva Tour de Francia, una graciosa genialidad que se me antoja como un puñado de inteligentes metáforas entrañables para ir despidiendo al estío.

Una sonata fantasma me hace regresar a la brillante crecida de Autocrítica y los magistrales ecos de Rey sol para dejar caer el telón y recibir el estallido de los merecidos aplausos.


[La dance] Onirias pop

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Con su segundo largo, Ciclosférico (2014), el grupo coruñés La dance abandera una alternativa pop dulce muy completita que entra desde la primera escucha con cambios de intensidad, subidas y giros de ritmos sorpresivizantes.
Lírica trabajada a cargo de Víctor LEDO que va  bailando con unas melodías y estructuras que investigan desde capas atmosféricas pro chill out (muy presentes en la expansiva y creciente Plan b) hasta sonidos más compactos y electrónicos pasando por trazas de ambientaciones sónicas profundas e intimistas.

Títulos de las canciones muy atractivos, sin complejos en tempos ni instrumentación la innegablemente atractiva voz de Paula PÉREZ va hilándose y difuminándose lumínica en provechosas letras que tema tras tema van demostrando en muchos cortes un encadenamiento y aperturismo de los versos que galopan con igual elegancia que energía, caso palmario en 3 objetivos intactos (que también atesora unos ecos bastante interesantes). Pero si tienen que hablar en plata tampoco se cortan en sus textos, genial el de Esto que tú y yo tenemos.
Tras la contundente Lluvia sideral alcanzan un momento clave en las ráfagas muy cercanas al sonido piratas en Ilusiones de profundidad monoculares, pieza dónde se vuelve a demostrar lo directo y la altura de sus letras.

En compendio, 13 canciones especiales (algunas suavemente cósmicoespaciales) de ensoñaciones pop relajantes pero también haciendo hueco a la introspección, la profundidad y la fuerza.