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[FIB 2015] Guitarrazos y los mejores años de nuestras vidas

Los Planetas cabecera

Benicasim volvió a alzarse en epicentro musical del verano gracias a otro cartel delicioso, variado y más que contrastado entre prometedoras bandas y grupazos de culto consagradísimos sin nada que demostrar salvo sus ganas de seguir pasándoselo bien a lo Keith Richards. Tras un resultón pistoletazo de salida en el escenario Las palmas a cargo de Trajano! y The last dandies (que comparecerían tras Mox nox) en el Red bull tour bus fueron en el primer día de festejos los grupos encargados de abrir la lata al acontecimiento festivalero estival por antonomasia.

Under radar y After all se dieron cita en el brillante repertorio de L.A., que aprovecharía con maestría la ocasión para presentar algunos de los temazos de su exquisito y recientísimo From the city to the ocean side. Un bolo mayúsculo que se erigió en lo mejor y más completo de la jornada juernense. La nota de color anglobeat de alma soul de Clean bandit sirvió de entrante perfecto para el abanderado concierto de Crystal fighters, que tirando de parafernalia campestre filotribalizada gestó potentísimos momentos que encedieron a los allí presentes en la franja destinada a las formaciones más demandadas. Entrados ya en la madrugada levantina la vocalista principal de Florence and the machine, perfectamente flanqueada por todo su elenco musical, derrochó desnudez y descaro (para muestra el botón de marcarse todo el concierto descalza) con una actitud dicotómica entre la entrega y las atmósferas hippies más sesenteras. La horaca de Elyella djs fue la encargada de cerrar la juerga con otra divertida ración de remixes. Unos turnos anteriores el sexteto australiano DMA´s acertó con su power pop rock para entonar a los asistentes al espacio destinado al autobús de Red bull.

Dentro de los actos de la segunda jornada La bien querida, siempre biacompañada de guitarra y teclado, regaló intimismo y dulzura en el Escenario Radio 3 cerrando con la pegadiza Poderes extraños. De vuelta en el escenario principal Jamie T se entregó hasta energizando pogos entre el respetable sin renunciar a momentos de pausa y hasta filorapeos. Mientras tanto Nudozurdo desplegaba arrojos introspectivos filoplaneteros y alargues cremosones en el escenario Red bull fundiendo sus últimos punteos con uno de los momentos más esperados del viernes, la actuación de Noel Gallagher´s high flying birds, karaokeizados por la locura guiri (y no tan guiri) y videografiados a tope exprimiendo todos los recursos de los monitores dejando fluir su excelente britpop powerizado y velocitado que reminiscenció estampas imborrables para todos los fans de Oasis. Según ejecutaron Champagne supernova ya nos tenían a todos en el bolsillo. La intensidad seguiría expandiéndose gracias a otro esperado instante, la subida a las tablas de The prodigy, que con continuas referencias al respetable a través del eslogan «My fucking spanish people» no dejaron de repartir tralla y subidones sónicos. No lejos de allí Polock se mostraría digno en los interregnos de su apañado anglopop ibérico. La experimentación distorsionil muy top de Goodspeed you! black emperor gozó de 2 horazas para dar rienda suelta a su nutritiva e interesante propuesta.

Kaiser chiefs

El atractivísimo sábado nos dejaría buen sabor de boca desde el pitido inicial con Siesta!, que amenizaron a tuti plen como buen previo a los angloenergizantes Reverend and the makers. La anécdota climatológica de la jornada sucedió al termino de La M.O.D.A., unos minutos de chaparrón veraniego loco con el que más de uno aprovechó sin prejuicios para refrescarse. Hinds, que mientras daban los últimos retoques se marcaron un previo con hilo de fondo motivatoria a cargo de She lost control de Joy division subrayaron su anglopop rockeado fémino, resultón e interesante. Kaiser chiefs, con un entregadísimo frontman desde la primera tonada, sobreponiéndose a los problemas del micro derrochando actitud, garra, agilidad, voluntad e incluso putoamismo, fue de lo mejorcito de todo el festival, sin duda. Unas ráfagas divertidísimas, repletas de cancionzacas y con todos los ingredientes de una banda de la zona Champions que dejó con la temperatura adecuada un recinto que albergaría a la mejor y más influyente banda española de ayer, hoy y siempre. Los planetas, que con un setlist alimentado sobre todo por sus 2 últimos largos, surfearon con el recién horneado himno El duendecillo verde, tocado en elegante versión teaser. El momentazo de la tercera etapa del FIB corrió épico a cargo de Gaizka Mendieta, que para la gloriosa Un buen día se uniría al sistema cósmicoplanetario titularísimo a lomos de la Gibson de Banin. La elección y ejecución de De viaje para el cierre fue sencillamente mágica. Cum laude de noise, shoegaze, psicodelia (jonda), misticismo, melodías pop indestructibles y toda la pasión y éxtasis de los míticos años 90, en definitiva, los de Granada son activo histórico añejado de tan excelso y magno acontecimiento melomaníaco desde la cosecha de agosto del 95 que no paran de ganar adeptos y consolidarnos a los ya ganados desde hace años y años. El brutal tríptico sobre el escenario más grande lo clausuraría Blur, fieles a su eficaz poprock orgullosamente british pese a pecar de un claramente mejorable tracklist resucitado al filo de las 2 y 7 minutos de la madrugada con Song 2 que desató locuras filonoventeras para brincar y desgañitarse. Además se permitieron un bis.

Vetusta Morla

Para la última tardenochemadrugá The riptide movement pudo valer más que de sobra para acudir a Public enemy, de puesta en escena golpeante y sublimada de fuerza casi militar. El plato fuerte patrio del último día fue para la banda madrileña de pop alternativo más demanda de los últimos tiempos y que sigue petando los recintos que le pongan por delante. Vetusta Morla, con otra ejecución impoluta como de costumbre timonearon vacas sagradas de La deriva sin olvidar los hits que ya los han hecho eternos. Especialmente destacable la versión de  Valiente, que descarriló apoteósica y que hubiera sido insuperable como final. Para el bis Los días raros, increschenteada hasta el orgasmo. (Una verdadera pena cronogramática coincidir con los también capitalinos Célica XX, buena gente y grandes músicos que a buen seguro se dejaron llevar por sus subidones para implementar sus jugosonas atmósferas procrípticas). Volviendo al grueso anglo se defendieron sin problemas Crocodiles y FFS (Franz Ferdinand & Sparks). No dejar de nombrar a Portishead, sobre todo por una actuación plana y aburrida que incluso defraudó a sus seguidores. Todo lo contrario que The cribs, fantabuloso anglopower pop dulce y contundente que recuerda a los Nada surf más cañeros, un descubrimiento maravilloso y recomendabilísimo. Otra demostración de fuerza la espetó Bastille, que además de su propia cosecha también acabó tirando de versiones. Para los últimos coletazos MØ, precedidos de una insoportable incidencia técnica no estuvieron nada mal (daría tiempo a volver para comprobarlo).

Novedades Carminha finiquitarían la coyuntura con contangiosas energías buenrrollistas para dar los acordes finales gracias a la inmediatez y adherencia de su despampanante bizarrismo cañí prorural. Unos gallegos majísimos donde los haya capaces de hacer bailar al más tímido.


[Disco Las palmeras!] Paliza a la mediocridad

Asfixia

Un grupo capaz de facturar canciones tan brutalérrimas, decisivas e irreversibles como Estados emocionales (y vaticanos) [Nihil obstat] y De cuando aún había esperanza [Ultra] es desde ése momento un combo a tener en cuenta. Ruidismo titánico, impactos distorsionantes improntantes que irradian fortuna. “Amplia[n]do su campo de batalla creciendo en espiral dando paso a una tremenda sucesión de temas en los que las intensas atmósferas se mantienen e incorporan nuevos elementos con los que se acercan al pospunk e incluso dejan asomar un aliento pop que explota resolviendo la ecuación de manera arrolladora” (Enrique Peñas).

Probablemente el mejor trabajo del año, para mí sin duda el mejor (hasta que alguna formación me demuestre lo contrario en lo que queda de 2015, que lo dudo). Guitarras imperiales, multiplicadoras, percusión atávica, teclados hipnóticos: adicción melomaníaca automática y perenne.
Ostiones hiteros uno detrás de otro, reverberancias adherentes, inmediateces eternas, el sonido discopalmeriense se tatúa en tu melomanía viajando en ondulaciones, espacialidades, cosmicidades encabronadas, envenenadas, indetenibles. Asfixia “noquea por su efervescente combinación de melodía y electricidad” (José Carlos Peña). Criptocracias sublimes, decálogo generacional a calzón quitao y tumba abierta, los Nirvana gallegos (o lo más parecido a tal declaración, de lo que estoy absolutamente convencido es de que si Kurt Cobain pudiera escucharlos no podría no gozarlo), una banda y disco necesarios, de cabecera, de culto.

“Sonido apabullante, avalancha de baterías y guitarras en combustión, melodías certeras transmite[ntes] de felicidad” (Jesús R. Lenin). La del pulpo en el mejor sentido de la palabra. Pocas veces he sentido una necesidad casi tan homicida de escuchar un disco tan en bucle. Ser un jodido melómano te puede llevar casi a la locura o desempolvando la elegancia de Passion pit, “la música que te hace feliz acaba siendo la más poderosa”.

Tarde y mal. «Sensación de despegar el filo en tu cuello». El primer golpe según llegas, así de sopetón. Antes de que te des cuenta ya te han atrapado envolvencias salvajes, sobrenaturales.

Cállate la boca. «Le va a salpicar». Mensaje y ritmo deliciosos. A mí me encanta para reírme de los paletines con maletines que se arrastran como reptiles. Cuando no te has recuperado del primer asalto sigue la ensalada de palos sónicos.

El final del círculo. «El final es el principio lo demás es sólo un ciclo». “Es probablemente mi preferida. A pesar de que sigue teniendo un punto fuerte de distorsión de guitarras en el fondo no deja de ser un tema de psicodelia muy 60” (Diego Castro, voz principal y guitarras).

En el agujero. «Una estampida emocional». Resonancias ciclópeas, mágicas.

Morir o matar. «Pienso devolver los golpes que me dan». Una de las mejores composiciones que he escuchado en los últimos 2-3 años. El modo en que Martiño hace que vaya cabalgando la batería y como se van engrosando voz e instrumentos, la forma en que se va adentrando es de tal grandeza que lo más recomendable es dejarse llevar y soltar algo así como “joder, que buena es esta muchachada”.

Élites. «No esperes esperar». Como la mayoría de los cortes asistimos a otra clase magistral de cómo crear una intro gloriosa.

Ráfagas en mi cerebro. «El olor del miedo». Profundidades fusionantes exquisitas.

Fuego. «Queriendo y sin querer la sensación». La aventura continua impoluta, sin fisuras.

Disparo. «Un medio y un fin en sí». Vertiginosa, descarrilada. Sigues sin poder escapar, y gracias, esto es lo mejor que te puede pasar con las obras de arte que marcan la banda sonora personal e intransferible de nuestras vidas.

La calma. «Lo destruido se construirá». Reposo engañoso. Chisporroteos y repiqueteos nocturnos probladerunner.

Diego, Martiño y Julián, gracias, seguir así, facturando himnos generacionales y dejándoos conducir por tan bellas pulsiones.


[Previa Los planetas] Retomando órbitas

Planetas

5 años de silencio y proyectos paralelos varios (Los pilotos y Grupo de expertos solynieve) han sembrado una expectación brutal que allana el camino para volver a salir por la puerta grande. J, Florent, Eric, Banin y Julián presentarán su sentío EP Dobles fatigas que como pincela su propio sello surfea entre «spacerock, indiepop [y] psicodelia jonda» (El segell del Primavera).

Ése primer beso y ésa primera relación sexual con la chica que te gusta, el gol que le da a tu equipo la Copa de Europa, que te toque un buen pellizco en la lotería, una buena desconexión en una calita desierta… un concierto de Los planetas también está en El olimpo de éstas sensaciones. No estás ante un simple bolo, se trata de todo un acontecimiento, melomanía pura, la sensación de estar viviendo algo histórico, verdaderamente decisivo, improntante, irreversible.

Tras su primera parada en Granada la madrileña sala But será la encargada de acoger tan magno acto en el que el combo andaluz desplegará a buen seguro artillería pesada de su indiscutible y consagrada carrera a través de caviar beluga sónico pop, noise, shoegaze, psicodelia y cosmicidad filoflamenca. Han vuelto y no tienen nada que demostrar salvo que siguen teniendo la capacidad de facturar himnos generacionales desde la primera escucha. El viaje continúa, la leyenda también.


[Señores] Noise norteño clase supra

Port

Si como a servidor te gustan Los planetas estás más que de enhorabuena. Paladear este disco tirando sin miedo al bucle va a suponerte una de las mejores experiencias sónicas de los últimos tiempos. Compararlos con tu grupo de cabecera pueden parecer palabras mayores pero nada más lejos de la realidad. Tienen todos los mimbres y los utilizan con sabiduría y eficacia: letras y melodías adherentes, guitarrazos exquisitos, ráfagas gloriosas, alargues legendarios, cambios de ritmo magistrales. Se permiten la licencia de experimentar metienedo una trompeta, un gesto grande, sí señor. Los 8 temas de sus 2 primigenios epés ya avisaban con contundencia, por tanto aquí tampoco hay lugar para la casualidad. Improntando, dejando poso desde el primer sorbo Curso práctico de autoestima se convierte en culto desde la primera reproducción. Si siguen por esta línea no será ninguna sorpresa que lo peten muy pronto y se codeen con la crema de la crema.

La invitación a gozarlo viene ya desde su deliciosa portada. Alternatividad cum laude, decálogo caviar beluga. Amable, Carta de amor futura y El vendedor de enciclopedias son sencillamente obras maestras que cualquier grupo alternativo noventero hubiera deseado firmar. Un tríptico brutal, alfa y omega de ingredientes prohibitivos y texturas selectas preparadas desde el primer play para presentarlos como un manjar sónico al que es estúpidamente imposible resistirse. Las otras 7 cancionzacas siguen confirmando todas las virtudes y generosas propuestas de los bilbaínos, una paleta de colores genial que se reinventa a cada escucha. “Habla[n] de las interrelaciones sin reproche con imágenes maduradas que dejan poso” (Yeray Iborra).

Caldo de cultivo perfecto para banda sonora de peliculón rollo Amenábar o González Iñárritu o para pinceladas sonoras en una novela de Ray Loriga. Porque a veces todo está dulce y amargamente conexionado. Su cantante y guitarra Goiko lo clava, “los grupos en los que andamos y hemos andado, [lo] que hemos leído, películas que hayamos visto, gente que hayamos querido y odiado, lo que consumimos y evitamos consumir, lo que reímos y lloramos [,] millones de cosas que nos llevan al grupo en el que estamos y [que] por supuesto es un proceso necesario”.

“Todo encarado con un admirable afán aventurero descubridor que además, y esto es lo mejor, te atrapa y envuelve sin remedio con hilo de seda” (Nacho Serrano). Señores, te conquistarán. Un grupazo recomendabilísimo que se va curtiendo en mil batallas sonoras y que merece triunfar desde el primer acorde. La única pega no haberlos descubierto antes.


[Los Punsetes] Santo pedal, bendita distorsión

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La irreverencia shoegaze cañí vuelve a ser adictiva. Aparte de ser unos incontestables maestros del noble arte de la distorsión Los Punsetes siempre han demostrado (y siguen haciéndolo) una actitud impecablemente coherente. En la indiesincrasia sónica de la subversividad hay muy pocos grupos [El columpio asesino siempre me ha convencido y encantado en estas lides], los que lo intentan se estancan en el postureo, los madrileños sencillamente lo llevan en su ADN.

Cuando uno de tus grupos tótem vuelve a dar en el clavo es difícil no caer en la pasión, la defensa y cierta subjetividad. A veces lo bueno se hace esperar, y lo mejor más aún. A falta de un bienvenido sorpresón de Los planetas estamos quiza ante el mejor disco del año, un álbum ya de culto. Como bien apunta su sello “tienen un don para soltar himnos generacionales, canciones que se quedan en tu memoria dejándote una sonrisa sarcástica inmune cantándole a la inteligencia humana, a la sensibilidad y a la osadía”. Una montaña es una montaña había dejado el listón bien alto, pero si alguien podía dar un derrape más y volver a acertar eran ellos. Chema, su batería, en una entrevista para Mondo sonoro, nos da alguna pista, “hemos trabajado con más tipos de guitarra y amplis. Queríamos un sonido más áspero”.

Cuidadísimo, sin fisuras, de sonido compacto y estudiadamente canallesco en todas las partes que se prestan a ello. A mil jodidas millas del aburrimiento y la mediocridad “con un vendaval de hits por montera” (Miguel Díaz Herrero) en apenas 37 minutos la alineación titularísima de los 11 temazos (no hay uno pocho) completa un LP IV (2014) sublime y gozoso que no puedes dejar de escuchar tirando peligrosamente al bucle infinito. El primer triunvirato sonoro es orgiástico: Amanece más temprano es un ariete más que engrasado, otra declaración de intenciones que se irá desgranando hasta la traca final. Le sigue la dupla más contundente: Bonzo y Me gusta que me pegues, que son sencillamente desde la primera escucha otros 2 himnos para engrosar el brillante repertorio punsetero (cancionzacas que adelantaron y que algunos tuvimos el privilegio de paladear en su magno bolo en El sol el pasado enero). El videoclip de la segunda es otra maravilla de un tema que en palabras de su frontwoman Ariadna “es una broma privada abierta a lo que cada uno quiera interpretar”. Su ruidismo, sus letras y sus energías te atrapan y te dan ganas de dejarte llevar y liarla parda.

Arsenal de excusas es otra joya de lírica exquisita, punzante y ácida ideal para dedicársela a algún/alguna ex y para petarla sobre las tablas. Siguiendo la estela de la anterior Falso documental y Tan lejos, tan cerca también profundizan en la temática de las relaciones sentimentointerpersonales con una visión finísima que sólo el universo de la banda nos puede brindar. Museo de historia natural y Los últimos días de Sodoma (ciclópea, épica, ejemplo de todas las virtudes e ingredientes de la formación y que también adelantaron en El sol) mantienen el nivel con un mensaje y un poso que aderezado de nuevo por su tino entre “ruido” (noise caviar beluga) y melodía nos siguen teniendo enganchados a la espera de próximas sorpresas.

Opinión de mierda merece un párrafo a parte. Ellos reconocen que “va un poco contra el todólogo universal, insoportable”. Una cancionzaca gloriosa que me recuerda la cotidianeidad de los mass media, desenmascarapaletines y demás periodisticuchos tertulianos sin titulación y con menos vergüenza. El grupazo capitalino vuelve a humillar sin pasteleos a una parte de la España profunda mediante una letra sencilla pero a degüello, sin sentimentalismos y brutalmente eficaz. Una guillotina moral necesaria y divertidísima. La pseudobalada punki Vaya suerte que tengo es un misterioso interregno de fases mágicas que vuelve a clavar su historia y su forma de contarla, bisagra y antesala para la irreversible y atractivísima salvajada siguiente/final.

Todo lo anterior no ha podido ser mejor recibido. Los que les seguimos desde hace al menos un par de años [que pena no haberlos descubierto antes] hemos quedado más que saciados, sólo ellos podían seguir superándose y así lo han hecho con nuestras expectativas. Pero aún queda un pelotazo bestial, un corte antológico que se alzará como una de las mejores canciones de todo éste mítico año melomaníaco. La pieza final: como A mil años luz en 2011 y El malestar continúa (2013) Nit d l’Albà se desmarca como la tonada más energética, vigorosa y descarriladamente bella de todo el curso musical, un hitazo himnotemazo instantáneo tan lapidario y eterno que lo mejor es dejarse conquistar sin oposición y gozarlo como uno de los mejores orgamos melómanos de toda una generación y una época alternativizante inmortal (otra más).

La polémica está ahí para el que la quiera, quién se pica ajos come. El quinteto lo tiene claro, “hay mucha gente dispuesta a sentirse ofendida con cualquier cosa”, y Chema va legítimamente más allá, “las sandeces son insondables [,] no conocen límites”. Ellos, la masterización de Fred Kevorkian, la mezcla de Brian Hernández y la producción de Pablo Díaz-Reixa (El Guincho) han remado para acabar en el mismo sitio: un discazo mayúsculo capital repleto de perlas más que tentador que consolida aún más al grupo facturado para recrearse en el directo y congratularte con cada reproducción.


[Los planetas] De revoluciones irreversibles

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Desde que el mismísimo Florent [gracias otra vez grande] me firmase el libreto de su inmejorable portada una afortunada noche de verano del año en curso me volvieron a entrar unas ganas locas de zambullirme de nuevo en el disco. Nada más llegar a casa tiré de ipod y auriculares de gala para la ocasión y lo volví a escuchar/paladear/sentir de principio a fin. Energías intactas, calidad refortalecida.

La lúcida exquisitez de su EP Medusa no fue una casualidad. Con éste monumental discazo dejan de ser promesa desde el minuto uno. No se puede escribir sin pasión cuando escribes sobre tu grupo de cabecera, tótem. Estamos en el año en que muerte Kurt Cobain y se separan Surfin´ bichos. La necesidad y determinación de un álbum no pueden escapar de su contexto, pero justamente puede abrir camino e iluminar desde el primer acorde a toda la humanidad sonorocósmica. “No fue una cuestión de ventas, iba más allá, se iba a transformar en icono. Supuso la llave de entrada en una nueva época, un cambio de ciclo, una aparición a través del subsuelo, algo prohibido, la efectividad del boca a boca cuando no existía red social [alguna], el triunfo del bien sobre el mal, la alternativa a las radiofórmulas. Fue otra cosa, una religión generacional en forma de himnos, imprescindible” (Jorge Fernández).

Como muchas obras maestras el trabajo se expande en más de una dirección, rescatamos la sabiduría sónica de Florent en Rolling stone: “power pop, bases potentes, melodía, distorsión, relaciones personales, texturas y ambientes oníricos, pop clásico [de] estribillo demoledor, [colchones] de Hammond, libertad. El nexo es el rock pero cabe la experimentación y el ruido”. Súper 8 (1994), el decálogo del debut en largo planetero merece que la melomanía se detenga en cada órbita, la primera dupla, “himno[s] definitivo[s]”, se convierte en culto desde la primera reproducción a base de  “guitarras, distorsiones y desarrollos instrumentales enorme[s]” (Manuel Domínguez):

De viaje. “No queda nada que prolongue mi parada en este mundo ni un solo minuto”

Su irreversible cosmicidad estalla desde las milésimas iniciales e iniciáticas a través de guitarreos pedaleados que dejan claro desde éste himno de apertura que aquí el rollo es otro, que juegas en y contra los más grandes, que ésta liga sónica destierra los complejos y sólo premia el arrojo y la vanguardia. “Esa guitarra avanzando sin (apenas) tocar el suelo. Una pieza dilatada y narcótica sin cuadrícula ni límites [,] un estado físico y químico” que subrayan “talento [y] técnica para traducir sus ideas al lenguaje musical” (Nando Cruz). Una pieza lumínica que te ciega y atraviesa de pies a cabeza texturizada en principio, nudo y desenlace con unas capas sucias maestras que la fluidifican apuntalando los cánones noventeros. Subidón, imposible no querer paladearla casi en bucle.

Qué puedo hacer. “Siempre voy al Amador por si apareces”

La canción pop perfecta. Guitarras olímpicas, dulces y soleadas a la par que contundentes, estribillo adhesivo, tempo de precisión cirujana, estructura engrasada a una melodía sexy, despampanante, irresistible. Los destellos guitarriles de Florent no pueden ser más acertados.

Si está bien. “Si todo es tan sencillo ¿por qué este vacío?”

Otro tesoro. El arte vocal de J la da un empaque maestro, el resto de ingredientes siguen funcionando a la perfección. Reflexión lírica brutal. Los cambios de ritmo creando cátedra. No para de crecer en sí misma y con cada escucha. “Recorre el camino serpenteante que va del punk al pop. [La obra] se mueve entre [el] amor y desamor, los escarceos más o menos atrevidos con las drogas y toda una suerte de vivencias tan básicas e íntimas que cada cual las hace suyas buscando en cada frase una historia personal. J cada vez más atrás construyendo un pasaje de una belleza inusual, no a la vista de cualquier mirada” (M. Domínguez).

10 000. “Si te interesa lo puedes intentar”

Se encadena a la anterior siguiendo la estela y avivando aún más si cabe la llama. Polémica e incisiva, como todas las representaciones artísticas que acaban mereciendo la pena y cerrando bocas.

Jesús. “Una y otra vez”

Adictiva, multicolor, expansiva, directa. Todas las piezas vuelven a encajar. Dejarse llevar sigue siendo un lema más que recomendable y legítimo.

Estos últimos días. “Cuando era mejor tocar tu piel, estar los dos”

Profundidad impecable, reptante, misteriosa. Distorsiones míticas para enfilar un tramo final brillante, solemne, glorioso rematado en todo lo alto. Ráfagas caviar beluga, otra masterclass planetense.

Brigitte. “Cómo puedes explicar algo que no has hecho jamás”

Magnanimidad pop, ejemplar. Conjunción instrumental bordada, otro estribillo bestial, letal.

Rey sombra. “Y mientras llueve sol como miel”

La batería inicial va dando paso a la fusión del resto de instrumentos hasta hacerle sitio a la voz de J, que de nuevo y sin dejar de ser canalla desnuda sentimientos y cala hasta los huesos. “Cuando te metes en una historia suya te puede caer mal el personaje pero sabes que te está contando todo lo que le está pasando por la cabeza” (Julieta Venegas).

Desorden. “Si hubiera encontrado las palabras, tan sólo dos palabras exactas”

Tributo emotivo, sentido, a quemarropa, pulsionante. Crescente luminosidad pop clase supra. Letra docente, imborrable, indestructible.

La caja del diablo. “Con esfuerzo consigo separar sus labios de los míos”

Locurón maravilloso, epílogo tentacular, oscuro, nocturno, inquietante, críptico, desbordante. Cuando sientes que va a descarrilar es cuando se torna aún más atractiva. Se desata cuando le apetece y no deja de gozarlo hasta el último punteo. “Pone el broche mostrando de una manera total a los verdaderos Planetas: guitarras arriba del todo y J lanzando enigmas desde la otra punta de la habitación” (M. Domínguez). “Anuncia un cambio de intensidad que [aparece] después alterando por completo su fisonomía aportando un dinamismo inesperado que [inyecta] luz y vida. Dejadez combinada con un compromiso radical con sus sentimientos. Una canción redonda” (Nando Cruz).

“Sus canciones, con esa suerte de autonomía que alcanzan las grandes obras respecto a sus propios autores, han ido desprendiéndose siempre de las teorías y críticas que las asaltaban, positivas o no, para ir desarrollándose en un espacio aparte, en un territorio sólo suyo. El punto alto desde el que se podía ver qué había sido y qué iba a ser” (Julián Rodríguez). “Para crear algo único tienes que ponerte en una situación límite. Un autor no puede crear a través de la mirada de otro. [Defender] a ultranza la creación [es] tan o más importante que la misma obra. Forzar un deseo [es hacer que nazca] muerto. El artista [no] puede traicionar su inspiración y doblegarse a los [dictados] ajenos, porque entonces su creación se resentirá y la vergüenza por haber renunciado a sus principios manchará su obra y lo acabará consumiendo por dentro. Si te dedicas al arte tu trabajo es explicar con tu mirada (desorbitada pero clarividente) todo aquello que desde el otro lado del umbral sólo se ve confuso. Hacer ver a los demás cosas que no pueden ver por sí mismos. [Colacarse] en una situación de vértigo, al borde del abismo para iluminar al resto. [Suena] delirante, psicodélico y (hasta) mesiánico pero siempre ha sido así” (N. Cruz).

20 años después sigue sonando imperial. Lo mediocre acaba autovolatilizándose, lo bueno, en éste caso lo sublime, nunca se extingue y sólo hace que revalorizarse y seguir guiando. Sencillamente gracias J, gracias Florent. Revisitarla, os encantará, cómo esa sensación del primer beso, imposible de olvidar. De ésas joyas que te cambian la vida y que no dejan de recordarte porque sigues en éste fascinante riesgo continuo llamado música.


[Poomse] Trasluces isleños

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Sólo tienen prisa los delincuentes y los malos toreros. Poomse vs the kingdom of death (2014) se mueve entre delicadas punzadas de rock experimental y del mejor angloemo. Como esa atracción del parque de atracciones o ferias fritangueras al uso dónde te vas adentrando en oscuridades sorpresivizantes sin saber muy bien qué te vas a encontrar pero con la (extraña) sensación de que te apetece volver a subirte.

Discurso soterrado, reptante que se va desgranando tomándose su tiempo a través de pasajes que se enriquecen con cada nueva escucha fluctuando y fortaleciéndose entre vaporosas atmósferas. De atractivas dicotomías hay partes que destilan positivismo y otras de esencias posrománticas que me recuerdan a rarezas y a los viajes más aventureros de Nada surf (banda exquisita y legendaria dónde las haya) completando parte de su puzle con texturas muy cercanas a Death cab for cutie y claroscuros tintados hacia las onirias más prohibitivas de Phoenix.

La victoria más amplia contra (la oscuridad d) el reino de la muerte llega a su tiempo con el séptimo corte, August, 2011, que se reviste de la estructura perfecta: tempo medido, melodía y estribillo pegadizo, cambios de ritmos precisos y atinados.

Se mueve “entre el costumbrismo y la épica” surcando nocturnidades hasta desembarcar en “la luz, siempre la luz como fin de trayecto. Trate de imaginar luces que parpadean y terminan perdiéndose en medio de las sombras hasta que de repente vuelven a centellear, pero esta vez dibujando pequeños puntos de luz [hacia] nuevas sendas a recorrer. [Una] epopeya sobre la vida y todo lo que dejamos atrás. Porque todo se reduce a eso, a esa gran luz que encontrar[emos] al final del trayecto” (Tomeu Canyelles).

El eficiente slowcore y los retazos de shoegaze en Poomse se interseccionan con capas sin prisa pero sin pausa. El álbum de principio a fin investiga y se adentra en las penumbras para salir siempre con elegancia, reforzado. Bucólicas bohemias, anaranjados atardeceres, repiqueteos de lluvia afuera protegidos con una pétrea chimenea para (auto)reconciliarse y acabar saliendo del laberinto sonoro con dulzura y dignidad.

Una recomendable y selecta obra para seguirse sorprendiendo y autodescubriéndose con la buena música, en la que merece la pena detenerse olvidándose de (casi) todo lo demás.


[Suéter] Influencias con maestría

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Letras ganando altura de estribillos pegadizos, ondas coloridas de arquitectura guitarrera con momentos de dulces distorsiones que hilan a la primera, melodías poperas sencillas efectistas y eficientes, títulos (incluido el del propio sencillo) brillantes.

Destellean momentos sonoros insignes con trazas reminiscentes del sonido planetas, los primeros Lori (los de Viaje de estudios, aquella obra maestra inmortal) y Niños mutantes. Prácticas en el circuito de Bahréin (2009) es amor a primera escucha. Desde el primer paladeo te das cuenta de que agrupan con desenvuelta soltura todos los ingredientes del indie pop (patrio) caviar beluga.

Quizá sea el modo. Sentida, intimista, buen cierre, lograda cimentación melodicolírica. De sencilla y admirable digestión.

“Canta[da] de manera implecable a 2 voces. Te da una carrera como las de La habitación roja (Guillermo DEL ÁGUILA, misterpollomp3.com).

Fan de la fórmula 1 se alza poderosa y refrescante desde la primera ráfaga para hacernos saber todo el potencial y talento que de nuevo viene desde tierras granaínas.

El hit del EP. Diseñada con excelencia en todos sus prismas: sonido, corporeidad lírica y ritmo. Estribillo potente exponencial, pinceladas lumínicas que siempre dan en el centro de la diana. Víctima magistral para escucharla al menos un par de veces seguidas.

“Es capaz de recordar a varios hits de Los planetas a la vez con mucha inteligencia para descubrir las claves que los hacen funcionar y sintetizarlas en una canción redonda de pop rabioso que acelera entre el ruidismo dulce y el punk melódico afilado. Además de una dinámica contagiosa tiene un final que no está al alcance de cualquiera (G. DEL ÁGUILA)”.

Platillos volantes. El corte más dedicado/enfocado al tratadísimo tema de las relaciones sentimentales. Sigue manteniendo el ritmo en todo lo alto.

DEL ÁGUILA acierta indicando que “explora otro tipo de conducción con rasgados acústicos y un pop mayúsculo con un soberbio control de la energía para liberar la intensidad en el momento preciso con otro estribillo infalible”. Cancionzaca que podrían haber firmado perfectamente los primigenios Lori (y esto son palabras mayores oiga).

Vacaciones. Adentrativa, mutacional, evolutiva. De menos a más va creciendo desde la raíz fortaleciéndose para alcanzar la exquisitez de los cánones del bizcochismo indie pop. Las guitarras y pedales de su ocaso recuerdan a los mejores maestros en el asunto.

“Madurez y sabiduría [que] va lejos con otra lección en los arreglos y la construcción (DEL ÁGUILA)”.

Rebosan “un pop tan cristalino como vital, mucho talento encerrado en 4 canciones. Algo tiene el agua que baja de La Alhambra que produce el mejor pop en español” (Guillermo DEL ÁGUILA).

Para David CLAUD (Muzicalia) los andaluces representan “0% complicaciones 100% efectividad, pop en estado puro, melodías muy agradables, sonidos variados y versátiles junto con letras originales [en] un envoltorio constante de espíritu pop con efectos y sonidos electrónicos” de bello trazo.

Un gazpacho bien aderezado, una fresca ensalada de buen indie y power pop y shoegaze. Un desparpajo sonoro con una policromía y una paleta sónica de una excelsitud que pide a gritos un disco y otro ascenso y consolidación de otro buenísimo grupo del sanísimo panorama alternativo de aquí que da gusto redescubrir.

☆☆☆☆☆


[Alborotador gomasio] Debut con ecos de eternidad

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Cuando uno cree que tiene claro su establishment musical añejado y currado durante AÑOS de repente puede aparecer una banda que se una al imperio de la élite sónica: éste es el caso de Alborotador gomasio, vanguardia del underground capitalino que con Más humillante que doloroso (2013) firman un estreno soñado consiguiendo una alternatividad de sonidos que se inyecta en ti desde los primeros acordes.

Rotundos, viscerales. Resolución, actitud, ráfagas de factura sublime. Los Gomasio suenan de puta madre hablando mal y pronto, un estilo que salpica mi mente con imágenes/sensaciones de los primeros Planetas (también los primigenios Lori), momentos de los Beach boys (también de The drums) y los Nada surf del tesoro Karmic.

Nada que envidiar a muchos grupazos situándose en la primera línea de salida junto a obras maestras como El fluido de Sidonie, Viaje de estudios de los Lori y/o los planeteros Pop y Super 8.

No concibo su música fuera de cremosos contextos. Una banda sonora que empapa los viajes que merece la pena hacer. Saliendo de juerga, en el coche para buscar a la novia o rollete, follando (o haciendo el amor, eso ya depende de la situación y/o de cada un@), paseando a tu bola aislándote del mundo con tus auriculares, compitiendo paladeándolos con tus cascos contra las miles de caras de acelga del metro para ir a currar, preparando el petate antes de jugar un partido (y después si has ganado suena mejor aún), tumbándose a la bartola, de copazos previos con los amigos. Da igual, en todos estos sitios y encajan como el binomio banqueros/políticos = ladrones.

Disco grabado “del tirón durante una escapada a los estudios Maik MAIER. Furia y acidez de GUITARRAS [con] melodías pegadizas en una onda muy college rock. Conexiones con el noise de Sonic youth, Dinosaur jr. o Sebadoh dulcificados con retales de pop” (Daniel MIRALLES, Ruta 66).

“Asidero entre los ochenta y los noventa. Suma[n] sanísimo descaro y potencia. Power pop de altura” (Jorge OBÓN).

“Tratado punk de nuestro tiempo en el que las guitarras sobresalen poderosamente. Pavement, Los secretos, Antonio VEGA. Trazas de todos ellos se encuentran –por increíble que parezca– visibles en [su] trabajo” (Lolo RODRÍGUEZ, Jenesaispop).

“Extáticas tonadas, túrmix noise, rock efervescente y espinoso, vivificante aspereza”. Simpáticas provocaciones en una “pulsión aparentemente postadolescente” que convive con “hierbas de extracción” muy “diversa” (Carlos PÉREZ, Efe eme).

Explosivos, implosionantes, saben cómo hacerte saltar. Desde la primera escucha empiezan a deslizarse por tus oídos para terminar conquistando todo tu ser, al que se le hace imposible no dejarse llevar. Como a ellos mismos les confesé es difícil no derrapar en la subjetividad [sin ella no hay arte] al decidir hacer estas líneas. Lo mismo me pasa cuando toca hablar de Sidonie, J y los suyos o Nirvana.

Jóvenes promesas cotizando al alza para consolidarse y listos para jugar entre, con y contra los grandes. Triangulando al primer toque con la facilidad y la clase de las leyendas. Adherentes, magnetizantes. Maestros de interregnos exponenciales hasta el final.

Van a saco y a piñón, en menos de media hora lo petan, no necesitan más tiempo para demostrar su talento, como los magnos. Pildorización adictiva, encapsulación emocionante, despampanante.

Como ellos mismos afirman en Mondo sonoro se trata de “una colección de canciones que refleja[n] de manera más o menos fiel la realidad del grupo y nos acerca hacia sonidos agresivos intentando no perd[er] espontaneidad. Sonamos a lo que está pasando ahora, la calle [, Madrid] está ardiendo y nosotros también”.

El decálogo alborotador (y) gomasiano:

El malestar continúa [“Y decidí continuar (cuando todo estaba muerto)”]

Destacada intro, pasajes punzantes. Sonidos entretejidos desde el inicio en toda una declaración de intenciones hasta el último corte con todas las consecuencias. Muestrario totalizador.

“Vivimos en un estado de malestar continuado [,] esto es lo que nos impulsa a hacer cosas, es el impulso de convertir vidas absurdas mediocres en algo heroico. Pretende ser un himno de esperanza sin caer en el repetido discurso positivo y acrítico que [intenta] moralizar el desastre y fingir que todo está bien (Marco)”.

Más humillante que doloroso [“Yo me hacía el mayor y tú te hacías la loca por los 2”]

Prólogo bateril nirvanero que baja para volver a subir en el momento perfecto, tramo psicodelizante incluido.

“Habla de reencuentros, de cómo el paso del tiempo deforma la óptica a través de la cual se mira una relación y la repentina toma de conciencia respecto a la pérdida [(] de la inocencia [)]. Puede que ciertas cosas ya no te provoquen dolor con el transcurrir de los años pero no por eso dejan de afectarte. Me encanta el grito a lo Lou BARLOW que se saca de la manga al comienzo. Está construida sobre [compases] de bossanova y la interpretación de una línea de bajo que me recuerda a los grupos indie rock de los 90 (Koldo)”.

En el espejo [“Haciendo caso omiso al mar con su sonido de cristal cuando está siendo navegado”]

Cancionzaca muy seria, de muchos quilates, verso logrado y con impacto, cierre genial.

“Todas las realidades se reflejan unas a otras, ningún lado del espejo [es] más real que [(el)] otro (Marco)”.

En mi no hay calma [“Y se repiten fragmentos de noche sin final”]

El nivel sigue siendo imparable, on the road. Surfeantes arrebatos iniciales. La tentación autodestructiva puede hacerte un regate irritante en un metro cuadrado en cualquier momento.

“De escucha fácil con unos coros que arman una melodía [protagonista]. La lírica se bifurca en “la imposibilidad de superar de manera sana una ruptura sentimental desaFORTUNAda y las sensaciones que acompaña[n] a raíz de ese momento (Koldo)”.

Las sombras [“Nuestras sombras escapando de sus cuerpos queriéndose abrazar”]

Tema grande, que llega. Pausa personalista, seductora reflexión. Atmósfera envolvente, tempos lapidarios.

“Es una historia de amor de dos personas que no saben que se aman. Tan sólo lo saben sus sombras pero a su vez [éstas] no quieren que sus cuerpos [lo] sepan, por lo que acaban escapando. [En] un cuerpo sin sombra todo se ve sin misterios. Lo que hace que nos enamoremos suele ser la parte invisible que se esconde detrás de, por ejemplo, una mirada. Un gesto. El gesto (Marco)”.

 

Los inviernos [“Ese gesto sin ilusión”]

Aguijoneante y dulce a la vez, punzadas guitarriles encumbrantes.

“En lugar de empastar los sonidos pusimos los punteos bien arriba para crear esa continua sensación de disonancia. Trata de cómo intentar no [tropezar] en ciertos vicios emocionales (Koldo)”.

El delito no prescribe [“Cuando un abrazo es el final”]

Prometedora desde el primer fotograma. Tumbando en las curvas en el momento justo. Solplayera, lumínica.

“Tiene una envoltura etérea con mayor presencia de teclados y acústicas”. Es “un relato de superación” y remedio, recurso, refugio. Puede que “aún no ha[ya]s aprendido todo lo que debieras (Koldo)”.

 

Tu realidad [“Sobrevuela esta ciudad y se aleja más de aquí”]

Si hace falta agarrarse a un clavo ardiendo. Cadencia subrayante, verdades como puños. Ondeante.

“El deseo de que los momentos buenos, en los que parece que todo tiene consistencia y se ha llegado a cierto estado de perfección y plenitud no cambien a pesar de que un día nuevo, un cambio (de estación) o una tormenta se lo pued[a]n llevar todo”. Muchísimos “en algún momento hemos rezado a una instancia poderosa para que no desaparezca[n] (Marco)”.

Hace tiempo que no existimos [“El tiempo pasará y será peor”]

Esa sensación. Espacios pop de altos vuelos.

“Seguir la inercia de las cosas y actua[r] como si nada sin darnos cuenta de que todo ha acabado. Todo lo que está pasando y nuestra indiferencia sólo se explica por nuestro estado fantasmal (Marco)”.

Reflejos en la meseta [“Ya no me queda nada para hacerte sonreír”]

Caleidoscópica, cíclica. Ojito a las guitarras del núcleo, coge el ritmo desde el principio y no lo suelta hasta el final.

“Resume todo lo que buenamente creo hemos avanzado como grupo: contundencia de guitarras y baterías, un estribillo que sube (de intensidad), punteos desquiciados y teclado adaptado al conjunto”. Va de un “batiburrillo de traumas vitales que he ido acumulando a lo largo de mi vida adulta y parte de la post adolescencia (Koldo)”.

Los elogios no son gratuitos ni aleatorios. Muchos coincidimos en insistir en su excelencia. “Son uno de los mejores grupos de Madrid, expresan de forma directa emociones vertiginosas. Un[a formación] de verdad, sin chorradas” (Cosmen Adelaida). “Constructores de himnos atemporales, eternos amantes de la juventud, auténticos referentes de la escena madrileña” (Grushenka). “Esencia recién destilada del pop rock más directo y potente del entorno. Volumen, brillo y fuzz sin límites” (Raúl QUERIDO). Los conocimos “con Corazón chatarra (2011), 3 temazos de pop guitarrero de alta calidad, ‘papa papapas’, buenas melodías, distorsiones y energía” (Los bonsáis). Odio París  van un pasito más allá: “son lo que podrían haber llegado a ser los Beatles si no hubiera aparecido Yoko ONO”. [Estas declaraciones me recuerdan sin remedio a cuando en su momento dije que si Los planetas cantaran en inglés nadie se acordaría de los de Liverpool].

Vaya, uno de esos regalos que te encuentras sin esperarlo. El mejor descubrimiento musical del año. Que ganas de verlos en vivo, sí señor, y de qué manera (,) oiga.

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[Klaus & KINSKI] Indie limaLimón

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Amable REdescubrimiento de Klaus & KINSKI, una banda muy sui géneris con una puesta en escena shoegaze muy PERSONAL benévolamente sarcástica y un simbolismo autóctono inocentemente orgulloso. Herreros y fatigas (2012) nos transporta a/en unos sonidos bastante DISTINTivOS, originales, electrofolclorícos, antiinsípidos.

Matrimonio sólido bien avenido entre el exotismo sónico con ingredientes de la tierra y propuestas atrevidamente diferenciadas. Momentos de apoteósicos juegos instrumentales con o sin seguimiento vocal, crecidas, subidas, sonidicos y soniducos bien traídos (viejunos y a la última oiga, atmosféricos, cósmicos, por instantes de cuasitributo videojueguil ochentonoventero) tirando bien de sintes y una idiosincrasia melódica juguetona, despejada y calmosa.

Identitarios, mezclantes: sepia, blanco y negro, color: texturización con todo tipo de recursos.

La narración musicalizada a través de la dulce, mágica y en etapas envolvente (incluso onírica) y sedante voz de Marina GÓMEZ te mece y va fluyendo con letras burlescas (por fases punseteras) y cotidianas. Canciones para reflexionar pero también para divertirse y evadirse, como la mayoría de la música que (a uno le) merece la pena.

Cambios rítmicos bien hilados a la par que sorpresivos como por ejemplo en Ojo por diente (engancha desde el principio, compás y cadencia notables, modelo de todas las virtudes artísticas del grupo) y La pensión (sonada intro, energizante, ilustre cierre).

Los títulos son sencillamente geniales, me gustan casi todas: La duda ofende (adentrante, escaladora, ráfagas robóticas), El día de los embalsamados (reveladora), Soneto (bonica instrumentación), Poderoso caballero (pura sorna y carga de realidad, zas en toda la boca), Daño cerebral (bien acompasada), Dos males tienes (continuismo guasón) y Cumbres profundas (destacada calidad compositiva tanto en forma como en contenido).

♠♠♠ y pico

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